Il 4 agosto Barlovento (Venezuela) ha ricevuto la visita di mons. Lisandro Rivas, Vescovo ausiliare di Caracas. Lui ha raggiunto queste terre di ritmi afroamericani e tamburi, pieno di emozione perché come vescovo, è arrivato per confermare nella fede quelle comunità che anni prima l’avevano visto passare come seminarista e sacerdote. Nei vari incontri che ha potuto avere con i fedeli delle nostre comunità mons. Lisandro ha sottolineato che Barlovento fa parte della sua formazione come missionario e come vescovo, si sente parte della famiglia e come pastore è disposto a impegnarsi a rafforzare il cammino che questa chiesa locale sta portando avanti. 

Nei giorni della visita ha potuto celebrare l’eucaristia con diverse comunità parrocchiali e al termine di ogni Eucaristia mons. Lisandro ha incontrato i fedeli per ascoltarli e ha colto l'occasione per incoraggiarli a continuare il cammino della sinodalità che la Chiesa sta vivendo per mandato di Papa Francesco.

Lui ci ha parlato di molti aspetti importanti della vita pastorale delle nostre comunità; ci ha ricordato che non possiamo continuare a pensare alla chiesa come era prima, ma dobbiamo sempre intenderla come una chiesa in uscita, nello spirito delle prime comunità apostoliche. 

Oggi non si tratta solo di rimanere con piccoli gruppi organizzati come si faceva fino a poco tempo fa, ma dobbiamo promuovere responsabilmente i vari ministeri laicali per il bene di tutti. È necessario completare i processi di settorizzazione creando comunità cristiane di base; cristiani maturi che si facciano carico di tutte le situazioni che si vivono nel territorio della parrocchia.

Un ricordo speciale è andato agli anziani che possono vivere situazioni di particolare fragilità: anche in questo caso c'è bisogno di persone preparate disposte a svolgere il ministero dell’ascolto e della consolazione, molto necessario per mantenere sempre attivo il legame familiare. Non possiamo dimenticare che la voce degli anziani è di grande importanza: sono loro quelli che conservano la conoscenza profonda delle radici che ci sostengono nella nostra identità locale, regionale e nazionale.

Anche le manifestazioni di religiosità popolare, molto diffuse tra la nostra gente, hanno un grande valore evangelizzatore quando sono ben accompagnate e incanalate da una comunità cristiana adulta e matura: da qui l'importanza delle madri e dei padri nel loro ruolo di educatori delle giovani generazioni affinché si formino secondo i valori centrali della fede cristiana.

NOTA. Mons. Lisandro Rivas è il primo sacerdote venezuelano della Consolata che diventa vescovo: la sua presenza ricorda l’impegno per l’evangelizzazione che, in diversi modi, i Missionari della Consolata hanno cercato di infondere nella chiesa del Venezuela. In 52 anni di percorso missionario in questo paese possiamo contare solo con tre sacerdoti venezuelani: oltre a mons. Lisandro anche padre Carlos José Salazar, di Barlovento, che lavora in Spagna, e Dani Antonio Romero Gonzáles di Caracas che lavora in Angola.

* Clemente Madeira è Missionario della Consolata

En 2005, se vivió en la iglesia venezolana un momento especial, un momento de renovación, un momento de gracia. La conferencia episcopal venezolana había convocado el concilio plenario para estudiar, evaluar y proponer nuevos caminos de evangelización en el país. Diez años después, la conferencia episcopal convocó la Primera Asamblea Nacional de  Pastoral los días 06 a 08 de noviembre en la Universidad Católica Andrés Bello, con el objeto de actualizar sus compromisos a la luz de los nuevos tiempos y bajo el lema: “Renovando la misión de la Iglesia en Venezuela”. Esta fue precedida por asambleas parroquiales, diocesanas y provinciales donde participaron laicos, sacerdotes, religiosos/as y los obispos.

El vicariato apostólico de Tucupita, donde misioneros de la Consolata estamos trabajando desde hace casi 10 años específicamente con el pueblo Warao, estuvo presente desde el inicio de este camino de renovación pastoral. Cada diócesis tiene que enviar sus representantes, Obispo, Vicario más otro un sacerdote, dos laicos y un religiosa o religiosa. El vicariato de Tucupita fue representado por Monseñor Ernesto Romero, Padre Zacarías Kariuki (Vicario General), Padre Santana (misionero claretiano), Hermana Petra de las hermanas de la acción parroquial, y Jorge Pérez y Lucinda García que representaron las dos realidades del Vicariato, Criolla e Indígena respectivamente.

Todo el trabajo de la asamblea se concentró en cuatro dimensiones principales: Primero, Anuncio, “que hace presente ante nosotros, una vez más, la invitación a ser una Iglesia en estado permanente de misión”; segundo, Comunión, que nos pide un cambio de mentalidad para vivir una espiritualidad y una eclesiología de comunión, en la diversidad y en la colaboración de todos los carismas, ministerios y servicios”; Tercero, Servicio, “es uno de los elementos constitutivos de la Iglesia, y nos recuerda que el Evangelio tiene una repercusión social y comunitaria. Y cuarto, Formación, “a la que somos llamados todos los bautizados como discípulos misioneros en la escuela de Jesús que, con su pedagogía, nos va capacitando para la comunión y la misión”.

Al terminar, la asamblea indicó que al plantear propuestas de acción pastoral “hemos tenido muy cerca de nuestros afectos, pensamientos y oraciones, la vida, las esperanzas y angustias del pueblo venezolano, que son también las nuestras como Iglesia”. Tomando en cuenta la situación del país, los participantes también denunciaron que los venezolanos viven “en medio de una realidad dolorosa, caracterizada por la fragmentación, la violencia y una profunda crisis moral y económica”. Por tanto, convocaron “a trabajar por la reconciliación del país”.

 

 

 

 

Comunicado de la Comisión de Justicia y Paz de la CEV SOBRE LA ACTUAL
SITUACIÓN EN LA ZONA FRONTERIZA COLOMBO/VENEZOLANA

He visto la aflicción de mi pueblo y he oído su clamor” Éxodo 3,7

Alto a los atropellos en las deportaciones.
Los derechos humanos son los mismos para todos

1.- La Comisión de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal de
Venezuela, atenta a todo lo que tiene que ver con los derechos
humanos, se encuentra profundamente preocupada por diversas denuncias
sobre graves violaciones a los derechos humanos en el marco del
Decreto de suspensión de garantías constitucionales en varios
municipios de la frontera, pues es una situación que afecta a todos
los que vivimos en Venezuela, dado que es inmensa la presencia de
colombianos en nuestra tierra, y son más los vínculos de fraternidad y
cooperación existentes. Más allá de diferencias o de situaciones
irregulares, priva el respeto a la vida y a un trato cordial. No se
puede estigmatizar a todo un colectivo de presuntos delitos sin el
debido proceso y el derecho a la defensa.
2.-La Comisión ha estado monitoreando y recabando información sobre
los acontecimientos que se han registrado en la frontera
colombo/venezolana en los últimos días, y ante las graves denuncias
sobre masivas deportaciones de ciudadanos de nacionalidad colombiana,
que sin ningún tipo de procedimiento previo, no se les ha garantizado
un debido proceso establecido en nuestra Constitución y en tratados
internacionales de Derechos Humanos debidamente suscritos y
ratificados por Venezuela.
3.- Hemos tenido conocimiento que muchas de estas personas han sido
obligadas a salir de manera abrupta, sin enseres, sin alimentos,
muchos de ellos solo con la ropa que llevan puesta, sus casas
allanadas sin ninguna orden judicial y destruidas; en algunos casos
fueron robadas las pertenencias de aquellos pobres moradores.
4.- A ello se une el drama de ver familias separadas, especialmente
madres y padres que han sido obligadas a dejar a sus hijos menores en
territorio venezolano, y más grave aún resulta de enorme preocupación
la utilización del poder punitivo del Estado para criminalizar a estos
ciudadanos de origen colombianos como miembros de grupos irregulares.
5.- Condenamos cualquier actuación de esta naturaleza y hacemos un
llamado a las autoridades venezolanas a aplicar todas aquellas medidas
destinadas a garantizar el debido proceso y la integridad física de
las personas, con especial énfasis en el derecho a la vida y lo
propuesto en nuestra Constitución y leyes.
6.- Expresamos nuestra preocupación porque persisten las denuncias
sobre un uso excesivo y desproporcionado de la fuerza por parte de
agentes de seguridad del Estado, encargada de realizar dicho
operativo. En un estado democrático de derecho y de justicia, no es
posible aceptar que en aras de la defensa nacional, la seguridad y la
soberanía, se hagan procedimientos militares de alta peligrosidad
contra la población civil.
7.- Hacemos un llamado a las autoridades garantes de los Derechos
Humanos de ambos países para que este problema que nos afecta a todos,
tenga una rápida solución y que no se convierta en un problema
político o ideológico, ni en una ocasión para promover la xenofobia o
el desprecio de ningún ciudadano por razón de su origen.
8.- Nos solidarizamos con los millones de colombianos que han hecho
vida en nuestra patria y nos han enriquecido con sus virtudes y
capacidades. No hay familia venezolana que no tenga vínculos
consanguíneos, de afinidad, de trabajo o de cualquier otra índole con
nuestros hermanos colombianos lo que nos ha permitido vivir en
fraternidad. A todos los familiares de las víctimas, les expresamos
nuestra solidaridad y oración en estos momentos de tristeza y dolor.
Pedimos a todos orar intensamente y colaborar con nuestros hermanos
evitando cualquier estigmatización.
9.- En estos dolorosos momentos hacemos un llamado a la sensatez y a
la calma. Que la condición de cristianos de la inmensa mayoría mueva
las fibras de la solidaridad, de la misericordia, del perdón, y
desterremos todo lo que nos lleve al desprecio, a la violencia, o a la
guerra. Pedimos perdón porque los hechos y dichos sobre nuestros
hermanos colombianos no representan el sentir de nuestro pueblo.
Exigimos
Que se restituya la normalidad cuanto antes, pues son más las penurias
y zozobras que viven quienes habitan a ambos lados de la frontera, y
no sólo a ellos, sino a toda la población de los dos países que siguen
con estupor el desarrollo de los acontecimientos, a todas luces,
denigrantes de la condición de seres civilizados y hermanos.
Devolución de bienes: muchas de las personas deportadas no han podido
llevarse sus pertenencias que han quedado en el territorio venezolano,
es de justicia devolver a quienes pertenecen los bienes inmuebles y de
demás rubros; es urgente que la familia se reunifique en la totalidad
de sus miembros para evitar una crisis humanitaria por deportaciones
masivas, para ello deseamos como venezolanos ver la respuesta del
Poder Moral en pleno, no justificando acciones, sino trabajando para
que se respeten los Derechos Humanos de todos los ciudadanos, sean
Venezolanos o Colombianos.
Sabemos de los dolores y tristeza en tantas personas que han sufrido y
siguen sufriendo por estas acciones. Expresamos nuestra solidaridad y
esperanza en estos momentos de angustia. Los ciudadanos venezolanos
nos sentimos hermanos del vecino país, nunca han sido extraños, sino
que tenemos una historia común. Estas acciones efectistas deben
ponernos a reflexionar sobre el futuro de nuestro país, sobre las
responsabilidades de la dirigencia política y militar en la conducción
de nuestra nación, sobre la paz interna y lo que queremos y anhelamos
los venezolanos.
EL ESTADO TIENE LA OBLIGACIÓN DE GARANTIZAR LOS DERECHOS HUMANOS DE
TODOS SUS CIUDADANOS INCLUYENDO LOS EXTRANJEROS BAJO SU JURISDICCION


+Mons. Roberto Lückert León
Presidente
Oficina de Justicia y Paz
+ Mons. Baltazar Porras
Presidente de la Comisión de Pastoral Social Caritas

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El cardenal venezolano Jorge Urosa Savino calificó como “injusta, incorrecta y negativa para el país” la sentencia que recibió, el jueves último, Leopoldo López, de 13 años y 9 meses de prisión, pues a su juicio, no tiene fundamento.

El purpurado envió un mensaje de consideración y solidaridad a la familia de López y espera que la apelación pueda obtener una sentencia más justa. “Simplemente han querido poner escarmiento a líderes de la oposición, castigando en Leopoldo López todo lo que pueda ser disidencia, oposición justa, pacífica y democrática. Lamentablemente le tocó a Leopoldo ese papel”, dijo.

En opinión del arzobispo de Caracas, el juicio al dirigente opositor presentó “muchísimas irregularidades” por el hecho de que no se le haya permitido tener testigos y pruebas que lo defendieran “es algo absurdo y vicia el proceso”, entre otros elementos y la forma tan cruel que se le trató en todo este tiempo, dijo.

“Se dice que él fue quien instigó hechos de violencia, y está demostrado que su discurso, si bien es un discurso de oposición, es un discurso no violento, pacífico, en el marco de la Constitución y las leyes. No es justo que simplemente por promover una manifestación de protesta pacífica en contra del gobierno se le achaquen a él toda una serie de delitos e instigación a crímenes”, manifestó.

El cardenal Urosa Savino lamentó los hechos ocurridos en las puertas del Palacio de Justicia cuando se celebraba la audiencia final del juicio, y donde resultó muerto un manifestante. Hizo un llamado a respetar el derecho de protesta que tiene cada persona.

“Esto no tiene que haberse permitido. Está muy mal. Hubo una violencia absolutamente indebida y con resultado de un muerto por el resultado de esa escaramuza. Eso es malísimo, no debemos permitirlo; el gobierno no debe propiciarlo, mandar a manifestantes que vayan, y entonces creen una situación de conflicto y pleito, y de violencia contra manifestantes de la oposición”, señaló.

La Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), alentó a los ciudadanos a

los ciudadanos a “ser actores y protagonistas de la Venezuela que
queremos”. Los obispos expresaron estas palabras en su exhortación
pastoral emitida este 9 de julio al término de su 104° Asamblea
Ordinaria. El texto se titula “He visto la aflicción de mi pueblo” y
denuncia la grave crisis económica y política que vive el país, así
como la existencia de presos políticos y violación de derechos
humanos. “No se puede negar lo que está a la vista”, señalaron.

La CEV dedicó buena parte de su reflexión a proponer un modelo de país
“que ame la paz, donde haya seguridad para trabajar, producir y
compartir donde se destierre la prédica estéril y dañina de
catalogarnos por las diferencias, por el odio de clases, por la
exaltación del enfrentamiento, idealizando el nacionalismo vacío, la
violencia o la guerra, en el que la fuerza puede más que la razón”.

En su escrito, la Iglesia denunció la crisis nacional en distintas
áreas y precisó que “la experiencia también enseña que los regímenes
de corte populista y excluyentes favorecen el abuso del poder y la
corrupción”. Y exigió que los beneficios que genera el petróleo se
empleen para financiar “la educación, la salud, la vialidad, y no sean
usados para ganancias políticas que no benefician en nada a la
población”.

Asimismo, los prelados urgieron al Gobierno nacional a “tomar medidas
económicas sensatas en el marco de la Constitución y las leyes que
impidan ese absurdo y nocivo mecanismo de una política económica
equivocada que enriquece a unos pocos y empobrece a la mayoría”. Y
previnieron sobre el riesgo de que sean los más pobres los que
“carguen con lo más oneroso de las medidas que se tomen”.

El episcopado venezolano reconoció además que la “dura realidad” les
exige “ser críticos, creativos, solidarios” con “el sufrimiento que
padece nuestro pueblo por tanta incertidumbre”.

“El pueblo venezolano exige mejores condiciones de vida diaria, pide
seguridad y mayor protección a su derecho a la salud y a la
alimentación de su familia. Toda la nación padece la falta de
medicamentos y atención hospitalaria y la escasez. Exige mayor
seguridad ante la violencia desbordada, la impunidad y el
narcotráfico”, enfatizaron los obispos en su exhortación pastoral
titulada “He visto la aflicción de mi pueblo”, al tiempo que
reclamaron “desterrar de raíz la cultura de la muerte, la épica del
armamentismo y militarismo”.

“No hay nada más absurdo y sin sentido que buscar la solución de los
conflictos con la violencia. Son muchos los héroes civiles, algunos de
ellos anónimos, mujeres y hombres trabajadores, inventores, promotores
de todo lo bueno que deben ser iconos referenciales para la promoción
de una cultura de la vida y de la solidaridad”, apuntaron en el texto
pastoral, que recuerda el derecho del pueblo a opinar con libertad, a
“disentir, proponer, tener acceso a una información libre”. Por eso,
“las excesivas cadenas y la propaganda tendenciosa tienen que ser
rechazadas y puestas al descubierto”, aconsejaron.

Por último, la CEV apuntó que las elecciones legislativas del 6 de
diciembre son “la oportunidad de la recomposición política y social
del país” y llamaron a acudir al proceso “con responsabilidad”.

En este sentido, exigió a las autoridades nacionales “garantizar el
orden público y la pulcritud del proceso electoral” en apego a la
Constitución. “El CNE (Consejo Nacional Electoral) tiene la obligación
de ser imparcial, evitando el ventajismo, el abuso o la
parcialización”, concluyeron los prelados venezolanos.

Finalmente, pidieron a la Virgen de Coromoto que “bendiga al pueblo
venezolano, también a los que no creen o no comparten nuestra fe, pues
los dones de Dios son para todos”

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