NUEVO MODELO DE MISIÓN EN Y DESDE AMÉRICA (SURAMERICA?)

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P. Antonio Bonanomi, IMC

Con el Concilio Vaticano II a nivel mundial (1962-1965) y con la Conferencia del CELAM          en Medellín (1968) a nivel continental sur-americano ha iniciado una nueva época en la            historia de la Iglesia, también como respuesta a una nueva época en la historia del mundo.

 

I. Un proceso de cambio socio-eclesial. Hacia una nueva época de la historia del mundo y de la Iglesia.

El modelo de Iglesia – Iglesia de cristiandad, iniciado en el año 313 con el Edicto de Constantino – entró progresivamente en crisis, esencialmente por dos razones:

 

1. Por el cambio de contexto socio-cultural. Se ha abierto una nueva época en la historia del mundo.

 

Es la época:

  • de la globalización o mundialización del mercado, de la comunicación, del pensamiento...;
  • del paso de la cultura moderna a la pos moderna...;
  • del triunfo (aparente por muchos aspectos) del capitalismo neo-liberal y de la invasión. Ocupación y  devastación de los recursos naturales por las multinacionales, a veces con a guerra y genocidio de muchos pueblos del “tercer mundo”;
  • del desarrollo tecnológico e industrial desequilibrado, en nombre del “progreso” sin limites, con el consiguiente cambio climático;
  • de las migraciones masivas por la violencia o por la miseria, del desplazamiento interno y de las migraciones hacia los países más desarrollados;
  • del empobrecimiento y de la crisis alimenticia de masas siempre  más grandes y de la aparición de enfermedades de masa como el SIDA;
  • del narcotráfico y de la drogadicción, de la legalización del aborto y de la eutanasia, de la eutanasia, de la clonación y de la experimentación genética;
  • de la visualización y mercantilización de la sexualidad, etc.

 

Pero es también la época...

  • de la superación del colonialismo y de la valoración de lo local, de lo “propio”, como resistencia a la globalización;
  • de la aparición de nuevos protagonistas en le horizonte mundial, como la China, la India, el Brasil;
  • del despertar de las “otras” culturas con la reivindicación del derecho a la diversidad y a la igualdad de condiciones;
  • del despertar de los “empobrecidos” e “injusticiados” del mundo y de la búsqueda de alternativas al capitalismo neo-liberal, con el sueño de “otro mundo posible y necesario”;
  • del despertar de la mujer y su visibilización en la lucha por sus derechos, etc.;

 

2. Por el cambio el contexto socio-eclesial. Se ha abierto una nueva época en la historia de la Iglesia.

 

Es la época:

  • del Concilio Vaticano II con sus grandes novedades teológicas y pastorales;
  • de las Iglesias nuevas del “tercer mundo” (“la tercera Iglesia a as puertas”) que se presentan con fuerza en el horizonte eclesial y progresivamente contextualizan la doctrina, la liturgia, la teología, la espiritualidad y la ministerialidad, y así ponen en crisis la visión euro-céntrica y provocan la aparición de una nueva “catolicidad”;
  • de los Sínodos, de las Asambleas, de los Movimientos laicales;
  • de la apertura al ecumenismo y al dialogo ínter-religioso e ínter-cultural;
  • de la reivindicación de un nuevo papel para los laicos y especialmente de la mujeres en la Iglesia;
  • de la discusión abierta del celibato eclesiástico como obligación y de las propuestas de ordenación sacerdotal de casados y de las mujeres, etc.;

 

Pero es también la época de:

  • de la secularización y descristianización de muchos paises tradicionalmente católicos, que se han convertido en “tierra de misión”, necesitados de una nueva evangelización;
  • de la resistencia al cambio al interior de la Iglesia, especialmente en el clero, en nombre de la tradición, pero especialmente del miedo a perder privilegios y a correr los riesgos que todo cambio comporta;
  • de la crisis de vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras en los Países tradicionalmente católicos y protagonista de la actividad misionera;
  • de la difusión y multiplicación de nuevos movimientos religiosos y de las “sectas” religiosas;
  • del despertar, a veces agresivo, de las “otras” religiones y el consiguiente cuestionamiento de la actividad misionera de la Iglesia;
  • de nuevas problemáticas relacionadas con la bioética, la sexualidad, el cuidado de la creación,etc.;

 

Todo cambio de época provoca, necesariamente, en la Iglesia y también en la sociedad una situación de crisis y de muchas contradicciones:

  • unos siguen como si no hubiera cambiado nada; rechazan el cambio y siguen repitiendo lo que siempre han hecho, esperando que el cambio pase;
  • otros reconocen el cambio, a veces lo sufren pero no lo asumen y por eso no buscan nuevos caminos, o tratan de “manejar” el cambio para que en realidad no cambie nada;
  • otros tratan de entender y asumir el cambio y de encontrar una nueva manera de “ser misionero” y de “vivir la misión”, discerniendo en la nueva realidad las llamadas del Espíritu.

 

Aunque con mucho retraso y en medio de muchas contradicciones, la Iglesia tomó conciencia de esta situación a nivel universal en le Concilio Vaticano II y por eso trató de definir nuevos caminos en los grandes documentos del Concilio (especialmente Lumen Gentium, Gaudium et Spes y Ad Gentes...). Siempre a nivel universal, después del Concilio el magisterio pontificio orientó el camino de la Iglesia hacia un renovado camino misionero: en este contexto recordamos dos grandes documentos: la exhortación “Evangelii nuntiandi” de Paulo VI y la enclítica “Redemptoris missio” de Juan Pablo II.

 

A nivel de la Iglesia de nuestro Continente, tenemos como puntos referencia de la renovada conciencia misionera, los documentos de las , generales del CELAM (Rio de Janeiro, Medellin, Puebla, Santo Domingo, Aparecida) y de los CAM – Comla.

 

Todos estos documentos presenta progresivamente un nuevo modelo de Iglesia, que tiene la Misión como corazón de su identidad.

 

Se necesita y en parte se está dando un progresivo cambio de conciencia y un progresivo cambio de praxis o, como dice el Documento de Aparecida, “una conversión pastoral y renovación misionera de las comunidades” (A 7.2), pasando “de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera” (A 370)

 

II. Un nuevo modelo de misión en le nuevo contexto socio-eclesial

El nuevo modelo de Misión no está todavía bien definido, se encuentra en construcción. Pero a nivel de la Iglesia universal y de la Iglesia continental se van ofreciendo muchos elementos nuevos que permiten, de alguna manera, configurar el nuevo modelo.

 

1. Novedad de los responsables de la misión

Tradicionalmente en la época de la Cristiandad, la Iglesia había confiado a los “misioneros” en la tierra de los “paganos o infieles”. Las ordenes y los Institutos misioneros han sido tradicionalmente los protagonistas de la misión.

Actualmente, en la reflexión teológica, se ve cada día más claro que la responsabilidad de la misión se mueve en tres niveles:

  • A nivel “fundante”, la responsable de la misión es la trinidad (Missio Dei). A este nivel la misión se identifica con el plan de Dios que quiere que todos los hombres se salven y por eso actúa, por medio de Espíritu, en la historia de la humanidad, en todas las culturas y en todas las religiones. En este sentido toda la humanidad y en ella cada pueblo y cada persona, es sujeto-objeto de la misión, por la presencia y la acción del Espíritu Santo.
  • A nivel “sacramental” la responsable de la misión es la Iglesia, en sinergia con el Espíritu Santo. Cada miembro de la comunidad de los discípulos de Jesucristo es sujeto-objeto de la misión. Por eso es necesario que cada uno viva en profundidad la experiencia de discipulado misionero, entre en la escuela de Jesús, misionero del Padre, bajo la guía y con la fuerza del Espíritu. Asi se supera la frontera que tradicionalmente ha dividido los ministros ordenados y los laicos, sin eliminar la diversidad de funciones y servicios. Todos son discípulos-misioneros, responsables de la única misión.
  • A novel “ministerial” los responsables son los hombres y las mujeres consagrados, laicos, normalmente organizados en Ordenes, Institutos misioneros o Movimientos eclesiales, que por vocación específica consagran su vida l servicio misionero. En este caso las Ordenes o Institutos misioneros no desperecen sino que asumen un papel diferente, ya que pierden su papel protagónico y se convierten en instrumentos de la Iglesia para el cumplimiento de su misión. Es necesario recordar que si hasta hace muy poco tiempo la gran mayoría de los misioneros venían de Europa y Norte-América, actualmente, debido principalmente a la crisis vocacional que se está dando en las Iglesias de esos Países, la responsabilidad de enviar misioneros va pasando a las Iglesias de los otros Continentes.

 

2. Novedad en los fundamentos teológicos de la misión

Los desarrollos del nuevo contexto socio-eclesial han provocado una nueva reflexión teológica, haciendo nacer nuevas teologías: teología dela liberación, teología del pluralismo religioso, teología de la creación (eco-teología, teología india, teología afro, teología feminista...

También en la reflexión teológica la misión ha pasado de  la periferia al centro.

 

Me limito a recordar cuatro grandes novedades en la reflexión teológica misionera:

 

a) Lectura histórico-escatologica de la realidad.

Entre las diversas lecturas de la realidad, la nueva teología de la misión asume la lectura hostórico-escatologica, que concibe la realidad fundamentalmente como lugar de la historia de salvación , animado por el Espíritu Santo que se hace visible en los “signos de los tiempos.

Dios tiene un sueño, un proyecto, que lo ha puesto en marcha con la creación y nos lo ha propuesto a todos los humanos como utopía y misión. Se trata de vivir como “hijos de Dios”, “hermanos” entre todos y “cuidadores de la creación”. La misión del ser humano consiste en colaborar en la realización de este proyecto (el Reino de Dios en las palabras de Jesús). La misión de la Iglesia se inserta en la la “misión misma de Dios”.

Nuestra tarea misionera consiste en colaborar con Dios en la realización de su proyecto de salvación de la humanidad y del mundo, “viviendo y luchando por la causa de Jesús”, que es la del Reino.

 

b) Reino-centrismo

Por michos siglos la misión ha sido eclesio-centrica. Ha sido al servicio de la Iglesia con la tarea de ampliar los confines o de implantar la Iglesia en territorios no cristianos (católicos).

Hoy la Iglesia ha reconocido su “sacramentalidad”: ella no es para si misma, ella está al servicio del Reino de Dios. Como ha proclamado Paulo VI en la Evangelii Nuntiandi: “Sólo el Reino es absoluto, todo lo demás es relativo” EN 8). Así fue para Jesús: él vino a anunciar el Reino de Dios, envió a los apóstoles para que continuaran el anuncio el Reino y nos invita a todos a buscar el Reino de Dio y su justicia.

Colocar el Reino de Dios al centro de la misión cambia radicalmente la misión, la praxis y el espíritu misionero.

 

c) Opción por lo pobres

La Iglesia ha nacido y generalmente ha caminado en nuestro Continente estrechamente ligada a los conquistadores y a los colonizadores, los cuales se han hecho los dueño del Estado a costa de los conquistados y colonizados empobrecidos. los cuales se han convertido en una masa de empobrecidos.

A partir de la Conferencia de Medellín la Iglesia, iluminada por el ejemplo de su Maestro, hizo la “opción por los pobres”. Esto ha implicado un cambio de conciencia y un cambio de ubicación de la Iglesia, de teología y de praxis pastoral.

A la luz de la Palabra de Dios, la Iglesia reconoce que los pobres son los predilectos de Dios y los protagonistas de la salvación y no solamente los objetos de la compasión y de la caridad.

Por eso la iglesia se ha sentido comprometida a  dejar su posición de privilegio y su alianza con el poder del Estado, a pasar de la cúpula a la base.

Esta opción ha sido fuente de nueva vitalidad para la Iglesia, pero ha sido también causa de persecución y martirio.

 

d) Dialogo ínter-cultural e ínter-religioso

 Por mucho tiempo la Iglesia se ha creído la “dueña”, la poseedora exclusiva de la Palabra de Dios y por eso ha considerado la misión como la obligación de predicar la Palabra. En muchos casos esto ha llevado a la destrucción de las culturas y de las religiones no cristianas. 

Hoy la Iglesia reconoce que Dios ha sembrado su Palabra también más allá de sus fronteras, en el corazón de todas las culturas y de todas las religiones y que el Espíritu de Dios sigue hablando al corazón de todos los seres humanos, también de los no-cristianos.

Por eso se ha abierto al dialogo ínter-cultural e ínter-religioso, como camino indispensable para el conocimiento de la Palabra de Dios. Esto no excluye la tarea del anuncio sino que incluye la de la escucha.

 

3. Novedad en los espacios misioneros

Progresivamente se han venido evidenciando tres espacios misioneros:

a) Es espacio de la pastoral misionera: la formación de comunidades vivas, con cristianos maduros en la fe (discípulos – misioneros) que con su vida sen fermento evangélico en el mundo y que den a la evangelización vigor y extensión.

b) El espacio de las “situaciones misioneras” internas:

  • “situaciones permanentes”: los pueblos indígenas y las comunidades afro-americacas;
  • “situaciones nuevas”: migrantes, grandes aglomeraciones en las periferias urbanas, masas en precaria situación de vida, causada de la pobreza y de fe, por la difusión de nuevos movimientos religiosos;
  • “situaciones difíciles”: cuya evangelización es urgente, habitualmente postergada, porque ofrecen resistencia: universitarios, militares, empresarios, políticos, obreros, jóvenes, mundo de la comunicación...
  • c) El espacio de la “misión ad gentes”: más allá de las fronteras, dando desde nuestra pobreza.

 

4. Novedad de las opciones misioneras

Tradicionalmente los misioneros salían de su tierra para ir a convertir y a bautizar a los paganos y así ensanchar los confines de la Iglesia. Esta era la opción fundamental.

A esta opción fundamental se añadía normalmente la opción por la “civilización” de los pueblos, añadiendo a la evangelización la promoción humana o la integración en la cultura dominante.

Hoy, en el nuevo contexto socio-eclesial, aparecen nuevas opciones que configuran de una manera nueva la misión:

 

a) Opción por los pobres o “empobrecidos”

Desde una lectura critica y política de la realidad, a la luz de la Palabra de Dios y de los Documentos de la Iglesia, la Iglesia reconoce las “injusticias” y el desorden, el “pecado” de este mundo, donde unos pocos se hacen dueños del poder y de las riquezas a costas de una mayoría cada vez más empobrecida.

Por eso la misión se convierte en compromiso para asumir el dolor y la esperanza de los pobres, de los injusticiados, su causa y sus sueños, y con ellos realizar un proceso de liberación integral para cambiar la realidad de este mundo para que sea más coherente con le Proyecto de Dios. Así los pobres se hacen sujetos, protagonistas de la misión.

 

b) Opción por una nueva “Evangelización”

A partir de la Exhortación “Evangelii nuntiandi” de paulo VI, ha madurado en la Iglesia la conciencia de la necesidad de una Nueva Evangelización.

Para que la Evangelización sea nueva es necesario que:

  • Sea realizada por una Iglesia auténticamente pobre, pascual y misionera, desligada de todos los poderes temporales y audazmente comprometida con la liberación de todo el hombre y de todos los hombres” ((Medellín 15).
  • Tenga como horizonte histórico y escatológico la colaboración en la construcción del Reino de Dios.
  • Se haga visible y creíble en pequeñas comunidades eclesiales, que viven la comunión y la participación.

 

c) Opción por los “otros”

La diversidad cultural es normalmente una frontera que divide a los pueblos y margina a las personas.

Anteriormente la conquista y la colonización y ahora la globalización han tratado y tratan de eliminar la diversidad cultural: las culturas dominantes tratan de destruir las culturas dominadas, empobreciendo así el mundo. La diversidad cultural no ha sido sentida y vivida como una riqueza sino como un estorbo.

En nuestro continente han vivido y están viviendo esta experiencia de destrucción y marginación cultural los pueblos indígenas, los afrodescendientes, los habitantes de las periferias urbanas (entre otros).

De aquí las opciones misioneras por los “otros”:

  • Los Pueblos Indígenas
  • Los Afrodescendientes
  • Las Periferias urbanas.

Como compromiso por la defensa de su diversidad cultural para que sea reconocida y valorada como una riqueza y un don de Dios. Normalmente los “otros” son también “pobres”, por eso las dos opciones se unen en una sola.

 

d) La opción por los “nuevos areópagos”

En la nueva realidad socio-cultural aparecen nuevos espacios y nuevos desafíos para la misión que exigen nueva atención y nuevo compromiso.

Entre los tantos podemos recordar:

  • El espacio de los Derechos Humanos
  • El espacio de la Justicia, Paz y Reconciliación
  • El espacio del cuidado de la creación
  • El espacio de la Comunicación social
  • Es espacio de la migración y del desplazamiento
  • El espacio de los jóvenes, las mujeres, etc.

 

e) Opción “ad gentes” (e Inter gentes)

Una de las dimensiones esenciales de la Iglesia es su catolicidad o universalidad. Por eso la misión debe ser también católica, debe “ir más allá de las fronteras”.

Se trata de asumir la dinámica de la globalización, pero no para ocupar y dominar, movidos por la ambición política o el interés económico, sino para unir y crear solidaridad, movidos por el amor de Dios que quiere reunir a todos los seres humanos en un solo Pueblo, tumbando muros y construyendo puentes.

La opción ad gentes más que una obligación es una necesitad para la Iglesia, porque la riqueza del proyecto de Dios, hecho carne en Jesús y en su Evangelio, se hace más visible cuando es conocido, vivido y celebrado en la diversidad de las culturas y de las expresiones religiosas.

Una Iglesia que da desde su pobreza es una Iglesia que se enriquece desde los dones que Dios ha dado a los otros pueblos en sus culturas y religiones.

 

5. Novedad en los objetivos de la misión

Tradicionalmente la misión tenia como objetivo “implantar la Iglesia” en nuevos espacios, ensanchando las fronteras de la Iglesia. Era eclesio-centrica y por eso ponía muchas veces a la Iglesia en oposición al mundo, considerado como vacío de la presencia de Dios.

Hoy se hace cada día más evidente que el objetivo de la misión es “colaborar con Dios en la construcción de su Reino” en el mundo, reconocido como lugar de la presencia de Dios: un Reino que es al mismo tiempo trascendente e histórico.

El sueño que animó a Jesús en su misión fue el sueño del Reino de Dios o del Reinado del Padre: todo lo que él dijo e hizo estuvo orientado al anuncio y a la construcción del Reino de Dios en oposición y alternativa al reino de los hombres. Esta es la “noticia” anunciada por Jesús en nombre de Dios: para unos, los humildes, los pobres, las victimas de la injusticia... fue una “buena noticia” y para otros, los ricos, los poderosos, los autores de la injusticia... fue una “mala noticia”.

El con su estilo de vida pobre y humilde, con su mensaje de no-violencia, de amor a los enemigos, de servicio mutuo y con su acción de liberación, es el sacramento del Reino de Dios.

El sueño del Reino de Dios es el sueño de “otro mundo”: un mundo de hijos de Dios, un mundo de hermanos, un mundo de cuidadores de la tierra, una “tierra sin males”. El Reino o el Reinado de Dios con sus valores constitutivos y alternativos: la Vida en plenitud, la Verdad, la Libertad, la Justicia y el Derecho, la Fraternidad universal, el Amos a los enemigos, la No-violencia, el Servicio..., es la dimensión utópica y revolucionaria del menaje de Jesús. Es la “nueva levadura” en oposición o alternativa a la “levadura de los fariseos” y a la “levadura de Herodes”.

Para dar testimonio del Reino de Dios, Jesús se hizo “servidor”, presentando el rostro de Dios como “servidor” de los hombres. Llevando en le corazón la pasión por el Reino de Dios, desde la Iglesia, como discípulos-misioneros de Jesús, nosotros somos “servidores” de la Humanidad, comprometidos en ser colaboradores de dios en la construcción de un “nuevo cielo y una tierra nueva”. En este contexto la Iglesia adquiere su rostro verdadero de “sacramento”: signo e instrumento del Reino de Dios.

 

6 Novedad en el método misionero

Tradicionalmente el método misionero se articulaba al rededor de dos ejes:

            1. El anuncio y la catequesis, como punto de partida para el nacimiento y el crecimiento e la       comunidad cristiana.

            2. Las obras sociales, como instrumento para la promoción humana.

 

Hoy, en el nuevo contexto socio-eclesial, aparecen nuevas formas metodológicas. Vale la pena recordar que a nivel metodológico la Iglesia del Continente sur-americano ha dado aportes muy valiosos a toda la Iglesia.

 

a) Ver – Juzgar o iluminar – Actuar

Retomando la experiencia de la “revisión de vida” de los grupos apostólicos, la Iglesia sur-americana ha asumido en sus documentos y en su práctica pastoral los tres pasos metodológicos del VER – JUZGAR o ILUMINAR – ACTUAR en Comunidad o en Equipo de vida, reflexión y trabajo.

Se trata ante todo de ver la realidad en todas las dimensiones con la ayuda de las ciencias sociales y de descubrir las causas de los fenómenos sociales. Se pasa después a juzgar o iluminar la realidad a la luz de la Palabra de Dios y de los Documentos de la Iglesia para discernir la presencia de la gracia y del pecado en la realidad humana y también en la realidad eclesial.

Finalmente, a la luz de este discernimiento, se quiere hacer un plan de trabajo que fortalezca la semillas de la gracia e elimine las semillas del pecado, presentes en la realidad.

Estas formas metodológicas:

  • De un lado reconocen que no hay dos historias, la humana y la sagrada, sino una sola historia: la historia de Dios  y de los hombres, que caminan juntas. Una historia de gracia y de pecado al mismo tiempo, en la medida en que los hombres bien o niegan el Proyecto de Dios.
  • De otra parte llama continuamente a la conversión, en cuanto llama a los hombres a fortalecer las semillas de la gracia y a eliminar las semillas del pecado.

Esta forma metodológica obliga a la Iglesia y a las personas a vivir la dinámica de la historia, estar en camino, acogiendo la novedad de la presencia y de la acción de Dios.

 

b) Concientización – Evangelización – Liberación

Se trata de :

  • Despertar la conciencia para que pase de una conciencia ingenua y a-critica a una conciencia crítica, capaz de hacer una lectura de la realidad y de sus causas: Qué pasa? Y por qué pasa esto?
  • De iluminar  la realidad con el mensaje evangélico para discernir en la realidad los signos del Reino y los signos del anti-Reino: qué piensa Dios de lo que está pasando?
  • Finalmente hacer un plan de trabajo que permita “liberar” la realidad de los signos del anti-Reino y fortalecer los signos del Reino: qué vamos a hacer para promover un cambio en la realidad, en la perspectiva del Reino de Dios?

 

c) Evangelización Inculturada – Liberadora e Integral

La misión nos pone continuamente en contacto con nuevas y diversas culturas, con situaciones de nuevas y antiguas esclavitudes, con una realidad fragmentada y dispersa.

La misión debe realizar una evangelización auténtica que sea:

  • Inculturada, porque reconoce y valora las semillas del Verbo presentes en todas las culturas y las ayuda a crecer para que den fruto de vida nueva;
  • Liberadora, porque promueve la liberación de todas las esclavitudes personales y comunitarias;
  • Integral, porque provoca la superación de la fragmentación y la recuperación de un sentido armónico y unitarios de todas las dimensiones de la vida.

d) Dialogo Ínter-Cultural, Ínter-Religioso y Ecuménico

En la anterior etapa histórica la misión, en muchos casos, fue acción de conquista o de procelitismo, que partía de la negación de la presencia y de la acción de Dios en todas las culturas y en todas las religiones.

Hoy la misión debe realizarse a través del diálogo: un dialogo hecho de palabras, de acciones comunes a favor de los valores auténticamente humanos y del testimonio de vida.

No se trata solamente de una nueva estrategia, sino de una nueva praxis, fruto de una nueva conciencia. Dio ha hablado y sigue hablando al corazón de los hombres en todas las culturas y en todas las religiones. Por eso el dialogo ínter-cultural e ínter-religioso, lo mismo que el ecumenismo permiten a la Iglesia conocer y testimoniar mejor el Proyecto de Dios presente en la historia de los hombres.

 

7. Novedad en el camino

Antes el camino se identificaba con la recepción de los sacramentos, desde el Bautismo hasta la Extrema Unción y la obediencia a los preceptos de la Iglesia. Ahora el camino se identifica con el DISCIPULADO MISIONERO, en le contexto d e la Nueva Evangelización.

Se rata de vivir los 5 pasos del discipulado misionero:

  1. Encontrarnos con Jesús
  2.  Ubicarnos en el lugar de Jesús: la opción por los pobres
  3. Compartir el sueño de Jesús: la pasión por el Reino de Dios
  4. Vivir la vida nueva en el Espíritu:
  • Obediencia a la voluntad del Padre
  • Compasión activa
  • Amor fraterno
  • Entrega de la vida
  1.  Salir con la fuerza del Espíritu para continuar la misión de Jesús

Es una opción por Jesús y su Proyecto de vida y no solamente el cumplimiento de unas obligaciones religiosas.

 

8. Novedad en la Espiritualidad Misionera

Progresivamente, como consecuencia de la reflexión teológica y de la praxis misionera de la Iglesia de nuestro Continente, se han venido evidenciando algunos rasgos de una nueva Espiritualidad Misionera. Queremos recordar algunos de éstos, que a la vez son signos de la “conversión misionera”:

 

a) Actitud contemplativa.

Recordando y continuando la actitud contemplativa de Jesús que lo hizo obediente hasta el final a la voluntad del Padre y a la acción del Espíritu, el misionero se hace progresivamente capaz de escucha y de discernimiento de la Voluntad del Padre y de la acción del Espíritu, superando el activismo y el protagonismo...

Esta actitud hace que el misionero tenga, a la luz de su fe, la capacidad para "ver", para discernir la

marcha ascendente del Reino en la historia, desde los pobres como sujetos predilectos de Dios.

El misionero contempla con gozo la acción insondable incontenible del Espíritu, que antes y también al margen de la misión, actúa en los pueblos, los empuja, los conduce, los inspira. Es por eso capaz de contemplar la presenciad e Dios en los procesos sociales, en las luchas de los pobres, en los esfuerzos de tantos militantes generosos, aunque no lo hagan en nombre de Dios o lo hagan al margen de la lglesia.

 

b) Optimismo soteriológico.

Superando la visión pesimista que llevó a pensar que "fuera de la lglesia no hay salvación" y que los no-cristianos son destinados a la perdición: el misionero sabe que la misión no es la única vía de la salvación para los pueblos no-cristianos. Dios sigue amando y salvando a los pueblos más allá de los confines de la iglesia. Esto no le quita sentido a la misión, pero le da un sentido nuevo: siempre tendrá sentido "salir" hacia las otras religiones para entablar un diálogo religioso para, en él “dar  y recibir" el testimonio de la presencia y del amor de Dios.

 

c) Desapego institucional o pasión por el Reino.

La misión es "misión por el Reino" y el misionero lo es también. El misionero ama la lglesia como un hijo ama a su madre pero no es un funcionario de la lglesia. Lo que lo mueve es la pasión por el Reino, por la Causa de Jesús, que es la Causa de Dios y la Causa de la Humanidad. El interés máximo del misionero, su absoluto es el Reino. Su pasión mayor es hacer que reine el amor de Dios en todo.

 

d) Encarnación e inculturación

El misionero repite el camino de Jesús: se hace carne en el seno del pueblo donde realiza la misión, asumiendo su historia, su cultura y su proyecto de vida. Después de tantos siglos en que la lglesia trato de “civilizar”, “aculturar”, “reducir” a los pueblos. La nueva misión acepta, estudia y respeta las culturas, las promueve reconociendo y valorando la presencia y la acción de Dios en ellas.

 

e) Humildad o infancia espiritual

El misionero rechaza la actitud soberbia y de superioridad de quien piensa que tiene toda la verdad y la quiere imponer. Vive la misión con actitud humilde, dispuesto a escuchar y a obedecer a lo que el Espíritu le va diciendo a través de los "signos de los tiempos", porque sabe que él no es el protagonista, sino el servidor de la misión.

 

Conclusión

Progresivamente la lglesia de nuestro Continente, en comunión con la lglesia universal, ha pasado de una actitud de defensa, de conservación a una opción misionera y ha convertido esta opción misionera en un proyecto misionero, un plan de vida y de trabajo un proceso de nueva evangelización.

Se trata ahora de poner en marcha este proyecto, este nuevo modelo de misión y de lglesia, a través

de un proceso de "discernimiento"y de "conversión", para que se cumpla el sueño de Jesús: "que todos los hombres tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn. 10, 10) Este es el gran desafío para la lglesia, en el presente y en el futuro.

 

 

 


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