Categoria: I Nostri Dicono
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{mosimage}“Y nos declaramos en conferencia continua hasta el día 8 de junio.” Estas fueras las palabras conclusivas del Superior Delegado, al declarar que el trabajo de la VI Conferencia de la Delegación de Venezuela no había concluido.

El lunes, 22 de mayo, a las 12.30 p.m., en las colinas del Tabor, casa de retiro de las Hermanas de Santa Ana, ubicada en las afueras de la ciudad metropolitana de Caracas, nos encontrábamos alrededor de la mesa para comenzar con el almuerzo la VI Conferencia. Con nosotros en la mesa se encontraba al Mons. Felipe González, obispo del Vicariato Apostólico de Tucupita, quien fue invitado a guiarnos en la reflexión inicial de la conferencia. Asimismo, estaba P. Antonio Fernándes, Consejero del Continente Americano, quien se encontraba ya desde los primeritos días de mayo en nuestro territorio venezolano visitando las diferentes comunidades IMC en los diversos estados.

A las 3.00 p.m. el P. Lisandro Rivas, Superior Delegado, entonó el “Veni Creator Spiritus” para declararnos en conferencia, antes de darle la palabra a Mons. Felipe, quien guió la asamblea en una reflexión con el título, “Ser sal y luz en la Venezuela de Hoy”. En el centro del salón relumbraba un velón encendido, al lado de un potecito de sal, los dos elementos apropiados como símbolos de nuestra VI Conferencia, pues el título precisamente es, “Ustedes son la Sal de la Tierra y la Luz del {mosimage}mundo”. Alrededor de estos dos insignias, se formaba un arco iris de las banderas de los países donde los Misioneros de la Consolata marcan una presencia pastoral, acentuando así que esta primera conferencia del milenio quería mirar más allá de su entorno inmediato y hasta más allá del continente.

Mons. Felipe resaltó las muchas muestras de sinsabores en el ambiente socio-político y económico en la Venezuela de hoy, acentuando que estar presente en estos ambientes es el reto misionero de hoy, y es lo que significa “Ser sal y luz en la Venezuela de Hoy.” Esta reflexión no podría coronarse mejor que llevarnos alrededor de la mesa del Señor, para tomar de nuestra fuente más profundo.

A las 8.00 p.m. el Superior Delegado hacía un recorrido histórico, para ubicar en evento que habíamos comenzado dentro de un proceso de treinta y seis años. Recordó de manera especial las IV y V Conferencias que habían tomado las opciones que han marcado el correr de nuestra delegación en los últimos años. Luego siguió la lectura del reglamento de la conferencia. Un artículo de éste ya previó lo que llegaría a pasar: la posibilidad de que no se llegara a terminar la conferencia. Así comenzó nuestra conferencia. Lo primero fue aprobar el reglamento y después se eligieron los moderadores y los secretarios.

“Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo”… Nuestra conferencia quiso mirar más allá, proyectarse. Quisimos mirarnos tanto ad intra – preguntarnos ¿quiénes somos? ¿Cuál es nuestra identidad? – como ad extra – cuál es nuestra razón de ser. Para una tarea tan ardua, nos dimos cuenta que necesitábamos más que el instrumentum laboris. Por este motivo, esta primera noche la asamblea aprobó también la sugerencia de tener un asesor metodológico que nos ayudaría a mirar con profundidad nuestra realidad, y proyectarnos con valentía hacia el futuro.

{mosimage} El día 23 de mayo, el segundo día de la conferencia, empezamos bien temprano nuestra conferencia. La primera hora de la mañana, como será con todos los demás días de la conferencia, se dedica a la Eucaristía, fuente de energía misionera. A las 8.30 a.m. la asamblea estaba ya reunida para empezar el primer trabajo. El asesor, Padre Johans León, de los Padres Operarios, explica en que consiste la metodología. Básicamente habría tres momentos: reflexión personal, trabajo en grupos y plenaria. Aquí hay la primera objeción de la asamblea… “Somos solo 14 misioneros, ¿porqué no saltar el trabajo en grupos? ” El asesor acepta, pero con mucha reserva… De hecho, ya en el segundo paso, la misma asamblea verá la necesidad de trabajo en grupos.

Nuestra conferencia se desarrollará en cinco pasos:
1) Análisis de la realidad,
2) Subrayar los desafíos,
3) Objetivo general,
4) El Perfil (del misionero y el estilo de misión),
5) Las Líneas de Acción.

En cada uno de estos pasos habrá cuatro niveles:
1) Vida consagrada,
2) Vida comunitaria,
3) Equipo Apostólico,
4) AMV-Formación.

Fue así que empezando con mirada crítica de nuestro ser, es decir como vivimos nuestra vida como consagrados y como familia misionera, y nuestro quehacer, es decir como trabajamos en todos los ámbitos del ad gentes, llegamos a descubrir que hay camino por hacer, un camino que queremos retomar con más fuerza durante el próximo sexenio.

{mosimage} Mirarnos por dentro no solo nos permitió darnos cuenta de las fortalezas que tenemos, sino también las muchas áreas que nos llaman a gritos. La palabra más destacada en el desarrollo de los desafíos fue RECUALIFICAR, porque nos dimos cuenta que hay una necesidad y urgencia de darle más talante a nuestra identificación con el carisma IMC tanto en la vivencia (personal y comunitaria) como en nuestra acción pastoral. No sorprende, pues, que en el objetivo general vamos a puntualizar nuestra meta como “Recualificar nuestra espiritualidad, fraternidad y quehacer misionero, desde nuestra identidad IMC, en un ambiente de corresponsabilidad, a través del estudio y la reflexión, siendo sal y luz, signos proféticos, en la iglesia venezolana”. Más claro y desafiante no podría ser. Nos proponemos volver a los orígenes (identidad IMC), para poder vivir significativamente como hombres del Espíritu, como hermanos, en nuestra iglesia de Venezuela. Así queremos que nos conozcan durante los próximos seis años.

Para llegar a esta recualificación, obviamente tenemos que acudir a las Sagradas Escrituras, a nuestra historia IMC, con la riqueza de sus documentos, y a los documentos de la Iglesia en América y la universal. Fue este paso que nos ayudó a dibujar el perfil del misionero de la Consolata y tipo de misión IMC que se necesita en la Venezuela de hoy.

Tres días y medio habían pasado, estábamos en el último día de la conferencia, y aún nos faltaba lo más importante. ¿Cómo íbamos a contrarrestar los desafíos que nos habíamos planteado? En otras palabras, ¿Cómo íbamos a vivir concretamente ese perfil del Misionero de la Consolata y el estilo IMC que habíamos ilustrado en el paso anterior? Habíamos trabajado duro. Durante las primeras tres noches, habíamos extendido el trabajo hasta las 10.30 p.m. Los secretarios, Charles Munyu y Josiah K’OKal, habían pasado noches de insomnio forzado, para poder estar al día con el trabajo de la conferencia. Esta mañana nos proponemos acelerar el trabajo, sin negociar la calidad; después de todo, ¿No estamos hablando de recualificación?

El trabajó fue ágil, pero profundo. En las líneas de acción, salieron propuesta revolucionarias en los cuatro niveles de nuestra vida IMC. Perfilamos un “master- plan” de recualificación. Pero, el tiempo no va a alcanzar para discutir algunas de las proposiciones “locas”. Por eso, amigo lector, nos declaramos en conferencia continua hasta el día 8 de junio. Nos dimos otra cita, esta vez, no en las colinas del “Tabor”, sino en la casa provincial, para discutir y perfeccionar nuestra plan. Solo el día 8 llegaremos a bautizar el documento, con la aprobación de los 14 misioneros de la Consolata peregrinando por las tierras venezolanas. ¡Ojalá que la alzada de manos se unánime ese día!

Mientras tanto todos estamos todavía en conferencia. Cada uno desde su rincón comunitario está estudiando los fragmentos de los documentos de la VI Conferencia, mientras una comisión de tres – Lisandro Rivas, Wilson Jochem y Ariel Hoyos – están pariendo para finalizar la redacción final.

Prometo volver con más después del 8 de junio.