May 13, 2021 Last Updated 8:46 AM, May 12, 2021

La pasión misionera según el Beato José Allamano

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Varias son las reflexiones que se han hecho en torno a la pasión misionera y su importancia en la obra evangelizadora de la Iglesia. Varios son los ejemplos de santos y beatos que han puesto en práctica el ardor misionero a ejemplo de Jesucristo. Varios pontífices han exhortado a la Iglesia a tener el celo apostólico en la propagación de la fe. Asimismo, varios son los fieles que, de forma sencilla, sirven a la Iglesia con pasión a través de los ministerios laicales. El beato José Allamano, fundador de misioneros y misioneras de la Consolata, es uno de los que han reflexionado sobre la trascendencia del celo apostólico y su exhortación no se limita solo a los institutos misioneros que él fundó, sino que son útiles para todos los evangelizadores de la Iglesia.

¿Qué significado tiene la pasión misionera?

La pasión misionera es sinónimo de ardor misionero o celo apostólico. Es el espíritu propio de un evangelizador y la característica propia de la nueva evangelización. De hecho, la evangelización es nueva por la pasión misionera de los evangelizadores. La Cuarta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Santo Domingo, reitera claramente esta realidad: “El ardor apostólico de la nueva evangelización brota de una radical conformación con Jesucristo, el primer evangelizador. Así, el mejor evangelizador es el santo” (Santo Domingo, no. 28).

Es importante notar que la palabra ardor tiene que ver con quemar o arder. En este sentido, el ardor misionero es quemarse por Dios y eso significa estar apasionado completamente por Él y por su causa en el mundo. Por eso, el nuevo ardor de la nueva evangelización debe ser al estilo del que devoraba a Jesús; el ardor por el Padre, por la gloria del Padre en la salvación integral de los hombres.

Los evangelizadores con la pasión misionera están abiertos a la acción del Espíritu Santo, pues “el Espíritu Santo, además infunde la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia (parresia), en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente” (EG, no.259). Además, el Espíritu Santo es el protagonista de la misión, y es Él quien le dota de dones al evangelizador para que anuncie el evangelio con coraje en cualquier contexto donde esté insertado.

Jesucristo es el modelo del ardor misionero. Jesucristo le devoraba el celo por el reino de su Padre y eso caracterizó todo su ministerio público. Por la pasión evangelizadora que le caracterizaba, caminó de una aldea a la otra, de una orilla a la otra, de una ciudad a la otra, y así mostrándonos la importancia de la salida misionera. Predicó la Buena Noticia en el templo y en diferentes lugares con el mismo celo misionero para que, de esa manera, pudiera revelar el rostro invisible de Dios a la humanidad. Con pasión, Jesucristo dedicaba tiempo a la oración después de estar con la gente casi todo el día, para mostrarnos que la fuerza del evangelizador viene siempre de la comunión con Dios. Para ello, Él es el prototipo por antonomasia del celo apostólico porque es el único gran Evangelizador que haya habido en el mundo.

Beato José Allamano y la pasión misionera

El beato José Allamano era un misionero totalmente apasionado por la causa de Dios. Era muy apasionado por el reino de Dios y su extensión a los lugares donde era desconocido. Según él, quienes se llaman misioneros y misioneras deben poseer el ardor misionero como su carácter. No se trata de ser meros misioneros, sino misioneros con ardor apostólico. Al respecto dice José Allamano: “el ardor apostólico es el carácter propio del misionero y de la misionera. No se va a las misiones por capricho, o por turismo, sino únicamente por amor a Dios, que es inseparable del amor al prójimo. Por lo tanto, no sólo como cristianos, sino también, y mucho más, como misioneros, tenemos el compromiso de buscar la gloria de Dios colaborando en la salvación de las almas” (Así los quiero, p. 173). La pasión misionera surge de la convicción de que, el misionero y la misionera son colaboradores de Dios en su plan de salvación. Son instrumentos de Él y actúan en nombre de Él. Ser colaboradores de Dios significa que Dios se sirve de las personas para llevar a cabo su obra redentora en el mundo.

El beato José Allamano hace entender que, la pasión misionera está relacionada con el trabajo y sacrificio. Por eso, “el verdadero apóstol es encendido por la caridad, es decir, por la pasión de hacer conocer y amar al Señor; buscar el bien de las personas y no de sí mismo” (Así los quiero, p. 175). El amor a Dios hace que haya celo por la misión. Ese celo es el fuego que enciende al misionero en su apostolado y sin ello, es difícil ser misioneros de verdad. Es por eso que “los que no arden de este fuego divino, ¡nunca serán misioneros o misioneras!” (Así los quiero, p. 175).

La pasión misionera está vinculada con el saber. En este sentido, es muy importante estudiar para adquirir conocimientos necesarios sobre la misión. Cada época tiene sus desafíos. La ciencia de la misión ayuda a contextualizarla y mejorarla. Mejora la evangelización con nuevos métodos y nuevas expresiones. Así que, “nuestro compromiso apostólico, además, debe ser completado, perfeccionado por la ciencia. (…) debemos adquirir los conocimientos necesarios, sin esperar la ciencia infusa. (…) en las misiones también es necesaria la ciencia” (Así los quiero, p. 175).

El ardor misionero tiene que ver con la paciencia y constancia. Los evangelizadores deben poseer esas cualidades. Pues, “el verdadero apóstol es estable gracias a la paciencia y la constancia” (Así los quiero, p. 175). La constancia y paciencia evitan los desánimos en momentos cuando los resultados esperados son escasos. Los evangelizadores simplemente siembran la semilla de la fe pero el que cosecha es Dios. Los resultados se dan cuando Dios quiera, porque los planes de Dios son distintos a los del ser humano (Isaías 55, 8). Por lo tanto, es importante que los misioneros siempre tengan la paciencia y constancia para evitar el estrés de cuando las cosas no salen como se esperan.

En conclusión, el beato José Allamano nos enseña la importancia del celo apostólico en la tarea evangelizadora de los discípulos misioneros de Jesucristo. Debe ser el mismo celo que devoraba a Jesucristo. Es decir, el celo por la extensión del reino de Dios. El ardor apostólico de los discípulos misioneros tiene como motivo dar a conocer a Jesucristo a los que no lo conocen y a los bautizados indiferentes a la fe de la Iglesia. Asimismo, tiene como objetivo animar a los fieles que tienen la madurez de la fe y todos los procesos pastorales que cimientan el crecimiento de la fe en la Iglesia.

*P. Lawrence Ssimbwa es Misionero de la Consolata y trabaja en Buenaventura (Colombia)

 

Sono state fatte diverse riflessioni sulla passione missionaria e la sua importanza nell'opera evangelizzatrice della Chiesa. Ci sono molti esempi di santi e beati che hanno messo in pratica lo zelo missionario sull'esempio di Gesù Cristo. Diversi Papi hanno esortato la Chiesa ad avere uno zelo apostolico nella propagazione della fede. Allo stesso modo, ci sono diversi fedeli che, in modo semplice, servono la Chiesa con passione attraverso i ministeri laici. Il Beato Giuseppe Allamano, fondatore dei Missionari e delle Missionarie della Consolata, è uno di quelli che hanno riflettuto sull'importanza dello zelo apostolico e la sua esortazione non è limitata solo agli istituti missionari da lui fondati ma è utile per tutti gli evangelizzatori nella Chiesa.

Qual è il significato della passione missionaria?

La passione missionaria è sinonimo di ardore missionario o zelo apostolico. È lo spirito proprio di un evangelizzatore e la caratteristica propria della nuova evangelizzazione. Infatti, l'evangelizzazione è nuova per la passione missionaria degli evangelizzatori. La quarta conferenza generale dell'episcopato latinoamericano, celebrata in Santo Domingo, ha ribadito chiaramente questa realtà: "Lo zelo apostolico della nuova evangelizzazione scaturisce da una radicale conformità a Gesù Cristo, il primo evangelizzatore. Così, il miglior evangelizzatore è il santo" (28).

È importante notare che la parola ardore ha a che fare con il bruciare o l'ardere. In questo senso, l'ardore missionario è bruciare per Dio e ciò significa essere completamente appassionati per Lui e per la sua causa nel mondo. Pertanto, il nuovo ardore della nuova evangelizzazione dovrebbe essere come quello che divorò Gesù; ardore per il Padre, per la gloria del Padre nella salvezza integrale dell'umanità.

Gli evangelizzatori con passione missionaria sono aperti all'azione dello Spirito Santo, perché "lo Spirito Santo dà anche la forza di annunciare la novità del Vangelo con audacia (parresia), ad alta voce e in ogni tempo e luogo, anche controcorrente" (EG, n. 259). Inoltre, lo Spirito Santo è il protagonista della missione, ed è Lui che dota l'evangelizzatore di doni affinché possa annunciare con coraggio il Vangelo in qualsiasi contesto sia inserito.

Gesù Cristo è il modello dello zelo missionario. Gesù Cristo era consumato dallo zelo per il regno di suo Padre e questo ha caratterizzato tutto il suo ministero pubblico. Per la passione evangelizzatrice che lo caratterizzava, camminava da un villaggio all'altro, da una riva all'altra, da una città all'altra, mostrandoci così l'importanza dell'azione missionaria. Predicava la Buona Novella nel tempio e in diversi luoghi con lo stesso zelo missionario per poter rivelare all'umanità, in questo modo, il volto invisibile di Dio. Con passione, Gesù Cristo passava del tempo in preghiera dopo essere stato con la gente quasi tutto il giorno, per mostrarci che la forza dell'evangelizzatore viene sempre dalla comunione con Dio. Per questo, Egli è il prototipo per eccellenza dello zelo apostolico perché è l'unico grande evangelizzatore che ci sia mai stato nel mondo.

Il beato Giuseppe Allamano e la passione missionaria

Il beato Giuseppe Allamano era un missionario totalmente appassionato della causa di Dio. Era molto appassionato del regno di Dio e della sua estensione in luoghi dove era sconosciuto. Secondo lui, coloro che si definiscono missionari devono avere come carattere lo zelo missionario. Non si tratta di essere semplici missionari, ma missionari con zelo apostolico. A questo proposito, Giuseppe Allamano dice: "L’ardore apostolico è il carattere proprio del missionario e della missionaria. Non si va in missione per capriccio o per turismo, ma unicamente per amore di Dio, che è inseparabile dall’amore del prossimo. Non solo dunque come cristiani, ma anche e più come missionari, abbiamo l’impegno di procurare la gloria di Dio collaborando alla salvezza delle anime" (Così vi voglio, p. 169). La passione missionaria nasce dalla convinzione che il missionario è il collaboratore di Dio nel suo piano di salvezza. Sono strumenti di Dio e agiscono nel Suo nome. Essere collaboratori di Dio significa che Dio si serve di persone per compiere la sua opera redentrice nel mondo.

Il beato Giuseppe Allamano ci fa capire che la passione missionaria è legata al lavoro e al sacrificio. Perciò, "il vero apostolo è infiammato dalla carità, cioè dalla passione di far conoscere il Signore e di farlo amare e amare il Signore; cerca il bene delle persone e non di se stesso" (Così vi voglio, p. 171). L'amore per Dio provoca lo zelo per la missione. Questo zelo è il fuoco che accende il missionario nel suo apostolato e senza di esso è difficile essere veri missionari. Ecco perché "Non saranno mai missionari o missionarie quanti non ardono di questo fuoco divino". (Così vi voglio, p. 171).

La passione missionaria è legata alla conoscenza. In questo senso, è molto importante studiare per acquisire le conoscenze necessarie sulla missione. Ogni epoca ha le sue sfide. La scienza della missione aiuta a contestualizzarla e a migliorarla. Migliora l'evangelizzazione con nuovi metodi e nuove espressioni. Quindi, "il nostro impegno apostolico, inoltre, deve essere completato e perfezionato dalla scienza. (...) bisogna fin d’ora procurarsi la scienza necessaria, senza aspettare la scienza infusa. (...) in missione ci vuole anche la scienza" (Così vi voglio, p. 171).

Lo zelo missionario ha a che fare con la pazienza e la costanza. Gli evangelizzatori devono possedere queste qualità. Infatti, "il vero apostolo è, infine, reso stabile dalla pazienza e dalla costanza" (Così vi voglio, p. 171). La fermezza e la pazienza evitano lo scoraggiamento nei momenti in cui i risultati attesi sono scarsi. Gli evangelizzatori seminano semplicemente il seme della fede, ma è Dio che raccoglie il raccolto. I risultati arrivano quando Dio vuole, perché i piani di Dio sono diversi da quelli degli esseri umani (Isaia 55,8). Perciò è importante che i missionari abbiano sempre la pazienza e la costanza per evitare lo stress di quando le cose non vanno come previsto.

In conclusione, il Beato Giuseppe Allamano ci insegna l'importanza dello zelo apostolico nel compito evangelizzatore dei discepoli missionari di Gesù Cristo. Deve essere lo stesso zelo che ha divorato Gesù Cristo. Cioè lo zelo per l'estensione del regno di Dio. Lo zelo apostolico dei discepoli missionari ha come motivo quello di far conoscere Gesù Cristo a coloro che non lo conoscono e ai battezzati indifferenti alla fede della Chiesa. Ha anche lo scopo di incoraggiare i fedeli che sono maturati nella fede e tutti i processi pastorali che pongono le basi per la crescita della fede nella Chiesa.

 

Ultima modifica il Venerdì, 16 Aprile 2021 15:02
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