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¡Usted padrecito no entiende nada!

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Una tarde en san Vicente del Caguán, una madre me llamó al celular pidiendo una cita para su hija de 15 años, la cual sufría de depresión. Las recibí (mamá, hija y nieta de 3 meses) en la misma tarde y escuché lo que la madre –muy preocupada y nerviosa- me decía: la hija no comía, no dormía, estaba encerrada en sí misma y en su habitación y no quería hablar; todo esto causado por una vecina que le hizo un maleficio, un hechizo o una brujería, porque estaba envidiosa de que la hija había dado a la luz una hermosa hija.

Pedí a la mamá/abuela, salir del consultorio porque yo quería hablar a solas con la hija. El diálogo fue interesante y lo que la hija sufría sí era depresión, pero la depresión post parto. Más, la hija de 15 años no estaba feliz de haber sido embarazada tan joven, además abandonada por el padre de la niña y el futuro no parecía tan divino. Mi diagnóstico fue depresión post parto que no ocurre por algo que una madre hace o deja de hacer. Después de dar a luz, los niveles de hormonas (estrógeno y progesterona) en las mujeres bajan rápidamente. Esto genera alteraciones químicas en el cerebro, que pueden producir cambios en el estado de ánimo y provocar una depresión temporal. Sin embargo la depresión post parto puede incrementarse por causa de otros factores sociales y/o personales.

P. Renzo Marcolongo, misionero de la Consolata a Caquetá (Colombia) y psicólogo.

P. Renzo Marcolongo, misionero de la Consolata a Caquetá (Colombia) y psicólogo.

Con este diagnóstico invité a la mamá/abuela para que entrara y le expliqué de manera sencilla lo que pasaba con su hija. Ella me escuchó y sorprendida me dijo: “usted padrecito no entiende nada. Es culpa de la vecina si mi hija sufre. Buscaré otra solución”. Y en realidad la solución alternativa fue la de consultar a los “hermanos” (curadores tradicionales) que le prometían curarle el hechizo, poniendo debajo de la cama de la hija, un vaso de agua bendecida (probablemente por mi), durante tres noches y pidiendo un aporte de $150.000 por cada vaso de agua.

No se si la hija se sanó. Creo que sí, pero esto no fue por beneficios del agua bendecida, sino porque la depresión post parto tiende a no durar mucho tiempo a menos que no se den complicaciones emocionales/psicológicas en la nueva madre.

La réplica de la mamá, al momento, fue bastante divertida y me produjo una sonrisa. Sus palabras pusieron en tela de juicio mis 32 años de experiencia como terapeuta, pero al mismo tiempo hicieron que honestamente me preguntara a mí mismo, si tal vez no había faltado algo en mi percepción, otra interpretación u otro diagnóstico de la misma realidad y por consiguiente un tratamiento distinto. Se sabe que el que ofrece el diagnóstico aceptado, ofrece también el tratamiento basado sobre el mismo diagnóstico.

Desde el punto de vista de la psicología “científica”, el caso de la depresión post parto, tiene una solución terapéutica fundamentada en muchos años de tratamientos, evaluados positivamente por los psicólogos occidentales. El camino hacia la recuperación es excelente, siguiendo las metodologías que obedecen a las varias escuelas psicológicas.

Pero, ¿cuánto se toma en cuenta las convicciones y creencias de las personas que viven experiencias emocionales, en culturas distintas de la occidental?

El mundo de lo “sagrado” y de lo simbólico que cada uno lleva dentro de sí ¿qué impacto tiene en la vida cotidiana y en el bienestar de la persona? El mundo sagrado y simbólico es un tanque de sentidos y significados que la gente usa para vivir [1].

El mundo personal e interior de cada ser humano está lleno de una sinfonía, un conjunto de valores, mitos, visiones sobre la naturaleza humana, sobre lo que es “normal” y “anormal”; sobre lo que es “salud y enfermedad” (física o mental) y sobre las causas de ser sano o enfermo; lo que significa “madurez”; sobre cómo reconstruir relaciones familiares y sociales destruidas y descubrir quién o qué las destruyó.  Es una sinfonía trasmitida por generaciones e interpretada en el presente, por gente que comparte y asume lo que es importante para el grupo de pertenencia, el cual, a su vez, le ofrece una identidad.

La identidad: término que viene del latín y significa “lo mismo” y puede relacionarse con la persona: mi identidad dice que soy yo mismo con mis características, que me distingue de los demás. O bien relacionarse con la identidad de un grupo que forja y moldea lo que es importante para el grupo mismo y sus miembros. Entender el grupo al cual la persona pertenece, significa entrar más profundamente en su mente y entender su visión del mundo. Y eso favorece el diagnóstico y la sanación.

El aporte de la psicología científica occidental puede “sanar” la mente explicando las dinámicas psicológicas que juegan en la mente de uno. Pero en un mundo no occidental no siempre logra “sanar” juntos, la mente y el corazón de una persona. Sus límites son los de no dar la importancia debida, a los mundos simbólicos y distintos que crean y organizan la totalidad de la vida de las personas en su mente, en su salud y en sus relaciones.

La madre que eligió acercarse a los “hermanos” y no a un psicólogo “cualificado” hizo una elección cultural, social y religiosa, apoyándose en sus percepciones del mundo y en sus valores. Ella buscaba un “sentido” a lo que le estaba pasando a su hija y el significado ofrecido por la psicología, no tenía la carga afectiva, ni el valor emocional que los “hermanos” le ofrecían. Las emociones y el corazón fueron más poderosos y eficaces que la ciencia y el cerebro.

Lo que para mí era un trastorno mental personal y pasajero, para la madre era la consecuencia de un mundo externo que entraba en la persona; un mundo de relaciones sociales negativas causadas por la envidia. Y este mundo externo era percibido como la causa del sufrimiento y por ende la necesidad de derrotarlo.

¿Cómo favorecer el encuentro entre la ciencia psicológica y una cultura? ¿Jamás será posible un encuentro?

En realidad creo que se necesita un “intérprete” para favorecer el encuentro entre el cosmos (que significa orden) científico y el cosmos de la experiencia de una cultura, sabiendo que el intérprete es traidor al punto que nunca alcanzará a comunicar el profundo sentido de una palabra que describa un sentimiento o una experiencia que pertenezca a un mundo cósmico distinto. El orden social, emocional y estructural de un grupo expresado en palabras, cultos y música, solo se entiende profundamente por quienes pertenecen a dicho grupo. Lo demás lo pueden entender teóricamente pero no emocionalmente.

Lo que personalmente aprendí, fue que mi diagnóstico era parcial porque no incluía el mundo cultural de la madre y de la hija. Mundo que forma e interpreta las manifestaciones de las enfermedades (lo anormal) físicas y mentales.

Ahora me doy cuenta que lo importante es sanar a la persona y devolverla a la comunidad restablecida y entera. Esta entereza cuenta con todos los aspectos que forman y construyen una persona. En realidad el ser humano tiene en sí mismo un conjunto de identidades, que en general forman como una sinfonía de varios instrumentos. Cuando un instrumento no está afinado y sigue tocando en la orquesta, se da una disonancia que daña la armonía y parece que sea la orquesta entera que no funciona. Una enfermedad mental y emocional por ejemplo, afecta a toda la persona.

La totalidad de un ser humano está hecha de una variedad de componentes físicos, emocionales, espirituales, relacionales, económicos y lúdicos. Y cada uno de estos elementos está compuesto de otros sub-instrumentos que tocan su música para enriquecer la melodía sinfónica.  Cuando un componente entra en un momento de crisis, se crea una disonancia o desarmonía, que afecta todos los aspectos de nuestra existencia y la sanación pasa a través de una intervención que involucra ese “todo” afectado.

Cada uno tiene dentro de sí un equilibrio emocional que le permite vivir tranquilamente interpretando su mundo. Este equilibrio puede ser frágil a los ojos de un extranjero, pero no hay derecho a desbaratarlo ni a disminuirlo.

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Yo he aprendido ahora que como psicólogo, ya no puedo quedarme solo en el cuadro interpretativo de las enfermedades mentales ofrecido por la psicología. Si busco la sanación completa de la persona es esencial entender el mundo interpretativo (cuadro de referencia) de su cosmos, para vincular la sanación psicológica a la totalidad de la persona.

Otro caso fue cuando Teresa (nombre ficticio para proteger su identidad) me pidió una consulta, porque se sentía asaltada por un espíritu que no le permitía vivir bien (depresión), y el espíritu venía de una persona que la maldecía y odiaba sin saber el porqué. Fueron varias las sesiones psicológicas durante las cuales diversas veces Teresa se dobló (entraba en trance) y el espíritu dentro de ella hablaba. Al despertarse Teresa no recordaba nada, sin embargo “el espíritu” me daba muchas informaciones de la vida de Teresa y los sentimientos que ella percibía. En el camino terapéutico enfrentamos unas cuantas situaciones del pasado que la habían afectada mucho y le habían generado traumas. Parecía que el camino hacia la sanación iba funcionando bien, hasta cuando en una de sus últimas sesiones, “el espíritu” pidió que yo como sacerdote fuera a su finca, para sacar y destruir un envase enterrado allí por la “enemiga”, el cual contenía los maleficios y el espíritu mismo. Acepté ir y a pesar de no encontrar ningún envase (expliqué que se había deshecho después de 5 años de ser enterrado), todo resultó apropiado cuando hice el exorcismo del lugar y la presencia de un perro fue significativa porque el perro nunca ladró y siempre se mantuvo calmado. Sabiendo que –según la cultura del espiritismo - los perros perciben la presencia de maleficios y espíritus, yo hice notar que la calma del perro que siempre estuvo presente, significaba que todo lo malo ya no existía. Teresa entró y salió del trance una vez más y después se sintió liberada completamente. Agradeció y abrazó a los presentes y desde entonces su sanación fue completa. Después de esta experiencia, me he encontrado muchas veces con Teresa caminando por las calles del pueblo y puedo comprobar que está sanada, bien insertada en su familia y en su comunidad.

Estoy convencido que con la sola intervención psicológica no se habría logrado una recuperación completa que involucra los aspectos emocionales, sociales y espirituales. El exorcismo dio una interpretación brillante (para la señora) de los acontecimientos y ofreció una cura al malestar de Teresa completando así el trabajo terapéutico de la psicología.

Sería importante que cada disciplina (científica o tradicional) supiera reconocer sus propios límites sin la pretensión de conocerlo todo, saberlo todo y solucionarlo todo. Descubrir el mundo de las imágenes, de lo divino y de lo simbólico de una cultura, conectarlas entre sí y también con la historia de la persona, nos transporta hacía una comprensión más completa de las personas y dándose  así la mano, entre ciencia y mundo tradicional/espiritual, se favorece más profundamente el bienestar de la gente.



[1] Estoy muy agradecido a David W. Augsburger quien con su libro “Pastoral Counselling Across Cultures”, WP Philadelphia, 1986, me ayudó desde hace tiempo a ser culturalmente sensible y abierto a nuevas interpretaciones de la realidad.

Ultima modifica il Domenica, 21 Giugno 2020 11:17
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