Apr 01, 2020 Last Updated 8:44 PM, Mar 30, 2020

Coronavirus: desde Roraima con un corazón desgarrado

P. Josiah Okal con niños Warao P. Josiah Okal con niños Warao Facebook del autor
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Me encuentro en Boa Vista, una ciudad al norte de Brasil, a 230 kms de la frontera con Venezuela, en las coordenadas geográficas 2°49′12″ N, 60°40′19″ W. Vine aquí para hacer mi trabajo de campo, como parte de mis estudios en antropología. Si bien el motivo era académico, hoy, después de dos meses de presencia, puedo decir que la preocupación académica es la última cosa que puebla mi corazón. La primera preocupación que mi corazón alberga es la situación que comparto con toda la humanidad en este momento duro y de mucha confusión. 

Les presento Boa Vista: se trata de la capital del Estado Roraima. Es una pequeña ciudad que ha servido para albergar la mayoría de los migrantes venezolanos, tanto los que están en tránsito como los que permanecen (que son la mayoría). La población de Roraima se ha abultado por encima de los 10% desde que comenzó la migración venezolana. El estado cuenta con 13 abrigos y varias ocupaciones para los migrantes; y todavía hay un considerable número de inmigrantes en situación de calle.

Equipe del ACNUR hace inscripción de indigenas Warao refugiados en la plaza (Foto: P. Jaime Patias)

Equipe del ACNUR hace inscripción de indigenas Warao refugiados en la plaza (Foto: P. Jaime Patias)

Aquí vivo mi cuarentena, asustado como nunca en mi vida. Asustado no por lo que me pueda pasar, sino por una numerosa porción de la humanidad que enfrenta un futuro muy incierto. Aquí vivo físicamente, pero simultáneamente vivo en otros dos lugares: en Kenya y en Venezuela. 

El miedo más grande que tengo aquí es con respecto a los inmigrantes venezolanos aquí, especialmente la población indígena (warao, eñepa y pemón) que viven en abrigos y ocupaciones. He estado haciendo mi trabajo de campo en un abrigo (el de Pintolandia, donde toda la población es indígena) y una ocupación (Ka Ubanoko, donde 50% de los habitantes son indígenas). Las condiciones de higiene son muy muy precarias. El abrigo de Pintolandia está bajo la administración de ACNUR. Es un espacio con una capacidad para 300 personas, pero en realidad alberga casi 700. Ka Ubanoko es una ocupación con autogestión. Es un espacio de 100 x 100 mts, que alberga casi 1000 personas en condiciones muy deplorables. El sistema de agua negra no tiene salida a ninguna parte y se acumula en el mismo recinto. Mientras que el abrigo tiene el ‘lujo’ de tener por lo menos de comida asegurada, la ocupación no tiene ese lujo, aunque Ka Ubanoko cuenta, por ahora, con algunas organizaciones que ayudan a sus habitantes con alimentación.

Tengo miedo. Primeramente porque Ka Ubanoko no tiene condiciones mínimas para la observancia de una cuarentena. Si el gobierno y las agencias que se encargan de los refugiados tomaran en serio esta pandemia, la primera cosa habría sido dotar este lugar de condiciones mínimas. El agua que llega no da para lavarse las manos cada dos horas; los baños compartidos por los 800 habitantes no son más de 10; el agua negra usada en el lugar se estanca dentro del mismo recinto; muchos no tienen ni jabón para bañarse. Además, la mayoría de los habitantes, por no tener trabajo, salen cada madrugada para reunir latas y papeles reciclables que luego venden para ganarse unos pocos reais. Si se aplica la cuarentena en Ka Ubanoko, sus habitantes no tendrán ni cómo comer; y, al mismo tiempo, la cuarentena nos les daría ni la mínima ilusión de sentirse resguardados. Pintolandia está un poco mejor, pero tampoco tiene condiciones adecuadas. En ambos lugares – y creo que en todos los abrigos y todas las ocupaciones, si se contagia uno solo por el coronavirus, ninguno de los habitantes se va a salvar. No quiero sonar apocalíptico, pero tampoco se puede tapar el sol con el dedo.

Madre refugiada desde Venezuela con sus hijos (Foto: P. Jaime Patias)

Madre refugiada desde Venezuela con sus hijos (Foto: P. Jaime Patias)

De Venezuela van rodando videos e imágenes de la cuarentena impuesta. Se ven personas llevando máscaras. Y bien sabemos que una máscara tiene efectividad solo dentro de un plazo de dos horas. Esto significa que cada uno necesita alrededor de 7 a 8 máscaras al día. ¿Quién tiene ese presupuesto en Venezuela? Vamos a lo básico en esta lucha contra el corona virus, lo esencial es el agua. Y sin embargo, menos de 40% de la población tiene este líquido suministrado las 24 horas del día. Hay sectores de las grandes ciudades donde el agua llega una vez al mes. ¡Díganme cómo se puede ganar esta guerra con estas condiciones! El jabón o desinfectante, ¿dónde lo encuentra un venezolano? Y, ¿quién lo puede comprar en un país donde más de 90% gana un salario que no les da para comer por dos días? DIJE DOS (2) DIAS AL MES. Los hospitales no tienen ni para curar una gripe normal.

En KENYA se está aplicando la cuarentena pero sin alternativas para sobrevivencia. Todos los mercados han sido cerrados y la población no tiene alternativa para la compra de comida. Los agentes de la economía informal, que forman más del 60% de la población laboral no tienen alternativas de ganarse la vida, y no tiene ahorros tampoco. Además, los trabajadores en los hospitales no tienen ninguna protección en su lugar de trabajo. Circulan por las redes noticias jocosas de médicos corriendo de los hospitales cundo llegan pacientes con síntomas de corona virus; de gente linchando a personas por tener síntomas del virus; de pacientes con los síntomas del virus escapando del hospital y teniendo contacto con otras personas. En mi amada Kenya, los kits para detección del virus solo se encuentran en la capital. Esto significa que solo el 5% tiene acceso a estos equipos. Estamos aproximándonos a una posible crisis alimentaria sin precedentes, a un colapso total de sistema de salud, y a una crisis social cuya magnitud escapa estimaciones científicas. 

Yo vivo en estos tres lugares. Les vació mi alma, sin ninguna pretensión de sonar apocalíptico, pero con un corazón desgarrado por la realidad que veo y la posibilidad que las cosas empeoren. Y los gobiernos siguen montando su side-shows, engañando a la gente que están haciendo algo, sin abordar los factores esenciales de esta crisis. No tengo miedo por lo que me puede pasar a mí: tengo miedo por la parte de la humanidad abandonada por quienes tiene el mandato de protegerla.

Ultima modifica il Venerdì, 20 Marzo 2020 15:45
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