Dec 13, 2017 Last Updated 9:13 PM, Dec 10, 2017

Exhortación del Beato José Allamano acerca del Adviento.

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Normalmente el tiempo de adviento es el comienzo del año litúrgico. Es el periodo de la preparación para la venida de Jesucristo. Es una oportunidad para que los cristianos se preparen en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Salvador del mundo a sus vidas. El adviento es de valor inestimable porque  por medio de ello, la iglesia, sacramento universal de la salvación, invita a todo el pueblo de Dios a recordar el pasado, a impulsar a vivir el presente y a preparar el futuro.

Cuando los cristianos recuerdan el pasado a través del adviento, están celebrando y contemplando el nacimiento de Jesucristo en Belén. Se trata de recordar la primera venida del Señor en la carne con inmensa humildad y pobreza. Vivir el presente por medio de adviento es vivir nuestra vida diaria la presencia de Jesucristo entre nosotros y en el mundo. Y cuando se habla de que en el adviento  se prepara el futuro, significa prepararnos para la segunda venida de Jesucristo siempre en la majestad de su gloria.

La trascendencia del tiempo de adviento hizo que el beato Jose Allamano diera unas orientaciones a sus misioneros y misioneras y a todos los seguidores de Jesucristo acerca de este fundamento de nuestra fe:

El fundador de los misioneros de la Consolata nos recuerda que el adviento es tiempo de reflexionar sobre las tres venidas de Jesucristo. “La venida al mundo con la Encarnación; la venida escatológica para el juicio universal; la venida espiritual en cada persona” (Así los quiero, pg 100). Dicho de otro modo, la primera venida tiene que ver con  la que tuvo lugar hace más de 2000 años cuando Cristo nació de la virgen María por obra del Espíritu Santo y se encarnó entre la humanidad (cfr. Jn 1, 14). Aquí la Iglesia mira al pasado, es decir,  a las esperanzas de Israel, a las promesas de los profetas y a su cumplimiento en Cristo: el Hijo de Dios se hizo hombre para que los hijos de los hombres pudiéramos llegar a ser hijos de Dios. Porque Jesús vino y se ha quedado entre nosotros, en nuestros días no es necesario subir al cielo o bajar al abismo para encontrar a Dios (cfr. Rom 10,6-7). La segunda venida de la que nos habla el beato Jose Allamano tiene que ver con la que se realizará al final de los tiempos. Se trata de la manifestación gloriosa de Cristo cuando la humanidad redimida entrará en el Paraíso verdadero y vivirá la vida de Dios para siempre. En la tercera venida Jesús se hace presente entre nosotros para traernos la salvación. Para ello, en las escrituras Jesús es referido como “el que es, el que era y el que viene” (Ap 1,8) y al mismo tiempo “es el mismo ayer, hoy y siempre” (Heb 13,8).

Además, el beato José Allamano nos hace entender que el adviento es momento precioso para nuestra renovación. La palabra renovación tiene que ver con volver algo en su estado original, o la reanudación de una cosa que se había interrumpido. En nuestro camino del seguimiento de Jesucristo, a veces nos dejamos llevar por el peso del pecado. Por ser adviento un tiempo de gracia, la Iglesia hace la invitación a todos los cristianos a renovar su fe en la realidad del gran amor de Dios y a comprometerse a llevar su amor al mundo de hoy. Se trata de preparar y animar nuestro corazon para que el Señor lo llene de sus gracias. Por eso, “Jesús no viene si no es deseado. Jesús vendrá a nosotros con mayores gracias en la proporción a nuestra preparación y a nuestros deseos” (Así los quiero, pg 100). En este tiempo precioso, toda nuestra preparación tiene un solo fin de que el Señor habite entre nosotros, que nuestra vida sea morada digna del nacimiento de Jesucristo. Que con nuestro testimonio podamos hacer brillar la luz del Dios que está con nosotros (Emmanuel) al mundo cada vez más agobiado por el pecado representado en múltiples expresiones.

En resumen, lo que nos dice el beato José Allamano es que, el nacimiento de Jesús en nuestra vida requiere una preparación. Se trata de la preparación de nuestro ser y de las estructuras de nuestro diario vivir. Para ello, no puede haber una verdadera navidad en nuestra vida sin un adviento bien vivido al máximo.

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