Aug 23, 2017 Last Updated 3:35 PM, Aug 22, 2017

Caja Común O ¿Casa Común?

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El ideal de la “vida en común”, como es presentada en los Hechos de los apóstoles sobre todo en Hecho 4,32-37, siempre ha sido sugestivo y provocativo. Esa forma de vida común fue denominada “comunismo de amor” y a ese estilo de vida se le atribuía –y todavía se le atribuye- el ideal de la “caja común”, entendida como una especie de arca dentro de la cual los primeros cristianas depositaban el dinero recaudado con la venta de sus casas y campos.

Es interesante notar cómo en el nuevo testamento, solo una vez se menciona la palabra “caja” en el sentido de depósito de dinero y el paso se encuentra en Juan 13,29, cuando dice: “pues pensaban algunos que, como Judas guardaba la bolsa, la caja (en latín: ‘loculos’), le decía Jesús: ‘compra las cosas que necesitamos para la fiesta’ o que diera algo a los pobres”. Entonces usar la palabra “caja” refiriéndose a un objeto que hacía parte de la vida comunitaria de la primera comunidad cristiana, es una inferencia, apropiada tal vez, pero no textualmente correcta. Detrás de esta inferencia hay toda una teología de la vida común que “interpreta” acontecimientos descritos en el Nuevo Testamento. Esto puede ser tolerado, pero me parece importante indagar sobre los pasos nuevo-testamentarios que hablan de vida común, entendida como un bien definido estilo de vida evangélico, y sobre la realidad histórico-social-religiosa que dio origen a la “caja común”, deducción lógica de un estilo de vida comunitario.

Me parece significativo e importante analizar los tres aspectos de la realidad de los primeros cristianos en Palestina: el aspecto geográfico, social-histórico y religioso. El ideal de vivir en común con sus consecuencias prácticas surgió en un contexto bien definido desde lo geográfico, lo social- histórico y religioso.

Geografía.

Las características geográficas de cualquier región forman y moldean el espíritu de su gente y crean costumbres y usanzas para la vida diaria.

Galilea era conocida por sus colinas cubiertas de viñas y olivos, de trigo y cebada. Entre las plantas silvestres había los lirios, los nardos, los arbustos de aloe, el eneldo, la menta, el comino y la ruda, y también la zarza y hierbas para el ganado. La parte más llana de Galilea, se situaba alrededor del lago o "Mar de Tiberiades", también llamado "Mar de Galilea", "Lago de Genesaret". Aunque sus aguas muy ricas en peces, también eran peligrosas por las bruscas tempestades que en él se levantan. En las redes de los pescadores entraban peces buenos y otros que eran considerados malos (no comestibles), ya que los peces sin escamas o sin aletas, que se parecían a las serpientes, como las anguilas y también los mariscos les quedaban prohibidos por respeto a la Ley Mosaica.

Jesús frecuentaba las orillas del lago porque en ella se desarrollaba la vida, en ella se concentraba la población, por ejemplo: Cafarnaum, de donde eran Pedro y Andrés.

Las casas de los campesinos de la zona eran pequeñas y muchas veces de una única pieza, en Galilea predominaba el latifundio. Las tierras solían ser del rey o de sus familiares, o también de los ricos comerciantes y los pobres se vendían como labradores para cultivar la tierra de los demás por un sueldo (ej. Mt. 20,1-16). Galilea era básicamente “campesina”.

Judea era la región montañosa con un paisaje áspero con el desierto de Judá. Las lluvias de primavera le daban el pasto necesario para las cabras y ovejas y no faltaban animales salvajes como los lobos y chacales. Es la región más meridional, alta y seca configurada por montañas que forman un macizo cerrado y accidentado, al sur y al este hay grandes zonas desérticas. Se producía trigo aunque en pocas cantidades, pero si bastantes aceitunas, uvas, dátiles, higos y legumbres. Casi todo el ganado que producen es sacrificado en el Templo y sus habitantes en general son pobres que se alimentaban con pescado ahumado y salado, pero con poca carne.

La capital, Jerusalén, es la ciudad santa de los judíos. La importancia de esta ciudad es más bien religiosa, allí está el templo judío, único en el mundo, al que todos deben peregrinar; centro de formación religiosa y sede de la autoridad suprema. La vida de Judea gira alrededor de Jerusalén y su Templo. Judea era básicamente “pastoril”.

Samaria era una mezcla de montañas, colinas y llanuras con cosechas normales para su clima y al mismo tiempo tenía suficiente ganado. Era una provincia que estaba situada entre Galilea al norte y Judea al sur, habitada por una población que no era "puramente" judía en sus orígenes. Desde el año 721 a. C. (invasión asiria), se habían instalado allí emigrantes no judíos y las razas y creencias se habían mezclado. Por eso para los judíos, los samaritanos eran un pueblo impuro ya que su sangre estaba contaminada por la de otros pueblos extranjeros. Samaria era esencialmente “pastoril y campesina”

La influencia de la geografía de Palestina sobre el estilo de vida diario de la gente común ha sido considerable. Las familias o grupos humanos – sobre todo los pobres que eran la mayoría de la población – necesitaban estar “unidos” para poder sobrevivir y el tener una ‘caja común’ era un medio para subsistir. Generalmente era el “pater familiae” que manejaba la caja, correspondiendo a cada uno según las necesidades reales y según el monto presente en la misma caja. Los ricos tenían administradores para sus bienes, los pobres tenían la “caja común familiar” (ej. La mujer que pierde una moneda de las diez que tenía en Lucas 15,8-9) que fue una respuesta honesta a las dificultades y preocupaciones del diario vivir.

Jesús en sus parábolas usó muchísimos ejemplos escogidos del mundo campesino o pastoril de su tiempo y que si bien analizados, nos dan una imagen de la vida ordinaria de gente ordinaria.

 

Histórico-Social.

Palestina estaba bajo la dominación romana y el imperio romano hacía pesar y sentir su presencia de varios modos. Los impuestos cobrados eran una manera de hacerse presente y el método y técnicas para cobrarlos eran múltiples: extorsionando a la gente o robándole los bienes o usando ‘colaboradores’ (Mateo fue uno de ellos).

Pero los romanos tenían algunos principios básicos para el buen funcionamiento de su administración y el más importante era el “quid pro quo”: favores hechos, favores esperados (reciprocidad) del cual surgió el patrocinio, que era el sistema tradicional de protección y respaldo. El patrocinio era esencialmente de dos tipos: clientelismo en el cual el individuo –no necesariamente pobre- se entregaba a un rico para sacar ventajas sociales y económicas en cambio de fidelidad y el euergetismo que se manifestaba en que un rico o poderoso hacía obras para el bien de la ciudad, de la comunidad (ejemplo: el centurión que “edificó nuestra sinagoga” en Lucas 7,4-5).

Pero en el diccionario greco-romano no cabía la palabra “caridad”, típica de los cristianos que cuidaban a los que ni siquiera podían ser “clientes” por ser demasiado míseros y excluidos sin posibilidad ninguna de devolver un sencillo favor dentro del principio “quid pro quo”. El mundo (pueblo) judaico si había (manejaba) el concepto de caridad, bien normalizado en la ley (lo máximo que uno podía dar en limosna era el 20% de sus posesiones). El hecho de tener una caja común (es decir, tener recursos), por lo menos en la comunidad de Jerusalén para ayudar a los más pobres, era un hecho que iba contra un estilo económico muy radicado en la cultura dominante, y al mismo tiempo era cumplir con lo que Jesús en varias oportunidades, había mandado: el cuidado de los pobres.

La caja común era una iniciativa esencialmente hallada en Palestina y en Jerusalén, fruto de un estilo de vida campesino-pastoril al cual se agregó el nuevo mensaje de Jesús. El cristianismo ofrecía una alternativa a un sistema administrativo dominante y la alternativa era la caridad hecha tangible en la “caja común”. La diferencia entre la caja común familiar de la Palestina y la caja común de los cristianos se hallaba en su finalidad. La de la Palestina era para la sobrevivencia de su propia familia, la de los cristianos era para los pobres.

La atención hacia los pobres fue la característica principal de los cristianos y en Palestina (entre los años 1 y 70 después de Cristo) se dieron algunos acontecimientos políticos y naturales que favorecieron el desarrollo y la estructura de la “caja común”: la hambruna que duró 4 años durante el reinado de Claudio (41-54) y la destrucción de Jerusalén por Tito en el año 70.

Con la ayuda de los cristianos de Antioquia (Hechos 11,27-30) que trajeron dinero, la caja común de Jerusalén podía cuidar a sus pobres, mientras que algunos ricos cristianos se ‘liberaron’ de sus bienes (ofreciéndolos a la comunidad) para no sufrir las torturas que los romanos infligían a los ricos durante el saqueo de la ciudad, para que revelaran en dónde tenían escondidas sus posesiones.

Estos eventos históricos-sociales y la geografía de la Palestina permiten ver cómo la caja común sí tenía sentido en ese ambiente, pero no justifica completamente su existencia. La base ideológica que sostenía –y a lo mejor hoy en día sostiene- la práctica de la caja común era las enseñanzas de Jesús.

Religioso.

En varias ocasiones –así lo confirman los evangelios- Jesús habló de las posesiones, las riquezas que pueden volverse un obstáculo para el Reino. Sus invitaciones a ‘vender’ a ‘dar a los pobres’ las riquezas, motivaron acciones descritas en los Hechos de los Apóstoles. También la espera de una inminente segunda llegada de Jesús (Mt. 23,36) les revelaba a los cristianos que sus posesiones no durarían más allá de su propia generación. Jesús había también prometido que “Dios los alimentaría más que los pájaros del cielo” y por eso los invitaba a venderlo todo (Lucas, 12,22-34) y dedicarse completamente al Reino de Dios.

Lucas, en los Hechos, nos presenta el estilo de vida de los primeros cristianos en Jerusalén: vivían unidos compartiendo todo lo que tenían, vendían las propiedades y distribuían a cada uno según las necesidades (2,44-46); no había entre ellos ningún necesitado y los apóstoles eran los que aseguraban la distribución (4,32-37) y eso indica la posible institucionalización de la caja común. La primera comunidad vivía como una familia según el estilo de las familias palestinas y rurales. La comunidad actuaba unánime en su cuidado a los pobres.

Pero las cosas no fueron siempre tan armoniosas como los pasos mencionados sugieren: las viudas helenistas eran desatendidas y eso creó una media pelea y la institución de los diáconos (6,1).

Ese “comunismo de amor” era no solo un estilo de vida comunitaria, sino un mensaje teológico: en el Reino de Dios no hay diferencias sociales (todos lo mismo) y las riquezas sirven para la construcción de este reino. Pero esto significaba una falta evidente de una ‘planeación futura’, causa de dificultades cuando la misión se amplió y de ‘vulnerabilidad’ frente a eventos extraordinarios sociales y/o naturales.

Lucas aclara que la propiedad privada se quedaba, pero cuando era evidente que había necesitados en la comunidad, entonces no había problema para vender y compartir. La caridad, la atención hacía los pobres de la comunidad y su cuidado eran las motivaciones para ‘vender y entregar el dinero’ a la comunidad.

La caja común era y servía para ayudar a los pobres, a los necesitados, a las viudas y huérfanos de la comunidad, pero no para ayudar a los miembros ordinarios de la comunidad misma. Los cristianos no eran ‘dependientes’ de la comunidad ni de sus recursos, a menos que no fuesen necesitados.

Vida común y misión

Es importante notar que la práctica de la caja común y el mismo estilo de vida comunitaria (comunismo de amor) de la iglesia de Jerusalén como nos es presentada por Lucas, no era una usanza uniforme en toda la iglesia primitiva.

Leyendo la carta a los Romanos (15,25-28) y la 2ª carta a los Corintios (cap. 8 y 9) uno echa una mirada a comunidades en donde:

  1. La caridad, ayuda y soporte a otras comunidades en necesidad, forma parte integral del ser cristiano.
  2. Los cristianos no viven según los estilos comunitarios de Jerusalén (comunismo de amor), estilos que encuentran sus raíces en la experiencia de campo, de lo rural.
  3. Los cristianos viven con costumbres distintas tomadas de las ciudades y de la cultura Helenística. Los cristianos de las ciudades siguen el estilo de “patriarcalismo de amor” (este término fue ideado por Theissen Gerd en el 1982 y ahora aceptado como descriptivo del estilo de vida comunitario de los primeros cristianos fuera de Palestina y Jerusalén). Ese patriarcalismo de amor nace de la experiencia de la ciudad en la cual se aceptan las diferencias sociales del tiempo, se acepta el ‘patrocinio’ pero se dan nuevas ideas, nuevos valores basados en el kerigma, en el evangelio. Los cristianos tienen una ‘alcancía comunitaria’ que alimentan con donaciones de caridad, según la posibilidad de cada uno.

¿Cuándo se dio el cambio de la “caja común” a la “caridad-donación”?

La “misión” y la ‘demora’ de la segunda llegada de Jesús que cambiaron el estilo de vida comunitaria. La pronta llegada de Jesús invitaba a tenerlo todo en común. La misión, el anuncio del kerigma a todo el mundo, no le daba mucha importancia a lo económico: lo importante era “anunciar el evangelio” y lo económico estaba bajo este compromiso. Pablo no tiene una crítica fundamental a la propiedad privada o riqueza. Seguramente no parece entusiasmado por lo “todo en común”. Pablo acepta el ‘status quo’ de la sociedad (ej. Col. 4,1; Rom.13,6-7) y en Corinto él acepta en práctica la estratificación social (el ejemplo del cuerpo) pero no durante la Eucaristía que es el signo de la unidad en donde no hay divisiones (1 Cor. 12,13). Pablo crea comunidades en el valor de la “caridad” que cuida y sostiene a los pobres y necesitados sin “tener que sufrir escasez” (2 Cor. 8,10-15).

La MISIÓN lo era todo para Pablo, el resto era secundario. Y el estilo de “vida comunitaria, de todo en común, de una caja común” ciertamente no era la mejor respuesta para la vida misionera. Lo que Pablo y los demás misioneros habían escogido era una vida de “evangelizadores errantes y organizadores de comunidades” los cuales dependían de la caja que cada comunidad tenía y que alimentaba a través de donaciones. Esta arca comunitaria –fruto de la visión caritativa de los “organizadores de comunidades”- servía para ayudar a los pobres y para financiar a los “evangelizadores errantes” y esta alcancía era generalmente manejada por los diáconos. La alcancía comunitaria no solo tenía dinero, sino también vestidos, comida y bienes. Pablo todavía se enorgullece de normalmente no depender de ninguna ‘caja o alcancía o donación’ para su trabajo misionero: en 2 Tes. 3,8-9 “trabajamos duramente hasta cansarnos, para no ser carga para ninguno de ustedes” aún teniendo el derecho de hacerlo. Probablemente aquí Pablo se refiere a la ayuda que los evangelizadores itinerantes tenían derecho a recibir, según las palabras de Jesús: “el obrero merece su salario” (Lucas 10,8).

Es curioso ver como el Didaqué en el capítulo 12 ofrece consejos sobre el tratamiento de los misioneros errantes: “los misioneros que lleguen a tu casa, tienen que ser bien recibidos, como si fuera el Señor, pero que no se queden más de un día o dos si es verdaderamente necesario. Si se queda por tres días no es un genuino misionero... y cuando sale de tu casa él no tiene que aceptar nada excepto las provisiones para el próximo día. Si pide dinero no es un genuino misionero.”

Para la misión Pablo lo aguantó todo: “Aprendí a acomodarme con lo que tengo. Sé pasar privaciones, como vivir en abundancia (...) Todo lo puedo en aquel que me fortalece (Fil. 4,11-13).

La práctica de la caja común como expresión de una vida en común, parece desaparecer en las primeras comunidades de cristianos, pero no desaparece la práctica de ayuda a los pobres y necesitados cuya práctica supone la presencia de una alcancía, un arca en donde depositar las donaciones de los cristianos.

Se tomará de nuevo la idea de la caja común más tarde, cuando florecerán las comunidades de vida común (San Benito, por ejemplo), pero la caja común será establecida sobre el voto de pobreza.

Interesante leer el cuento del martirio del diácono Lorenzo que era el administrador de la comunidad de Roma bajo el papa Sixto en el 3er siglo, para darnos cuenta de lo que servía la ‘caja común’: “entonces Lorenzo viendo que el peligro llegaba, recogió todos los dineros y demás bienes que la Iglesia tenía en Roma y los repartió entre los pobres. Vendió los cálices de oro, copones y candelabros valiosos y el dinero lo dio a las gentes más necesitadas. El alcalde de Roma, que era un pagano muy amigo de conseguir dinero, llamó a Lorenzo y le dijo: "Me han dicho que los cristianos emplean cálices y patenas de oro en sus sacrificios, y que en sus celebraciones tienen candelabros muy valiosos. Vaya, recoja todos los tesoros de la Iglesia y me los trae, porque el emperador necesita dinero para costear una guerra que va a empezar". Lorenzo le pidió que le diera tres días de plazo para reunir todos los tesoros de la Iglesia y en esos días fueron invitando a todos los pobres, lisiados, mendigos, huérfanos, viudas, ancianos, mutilados, ciegos y leprosos que él ayudaba con sus limosnas. Y al tercer día los hizo formar en filas y mandó llamar al alcalde diciéndole: "Ya tengo reunidos todos los tesoros de la iglesia. Le aseguro que son más valiosos que los que posee el emperador".

A modo de conclusión.

Este rápido recorrido sobre el asunto de la “caja común” no es un deseo de minimizar la osadía de la iglesia primitiva de vivir según las enseñanzas de Jesús, de venderlo todo y darlo a los pobres. Las palabras de Jesús son aplicables hoy en nuestra realidad.

Pero me parece importante discernir hoy y en nuestra realidad, cuál es el mejor servicio que podemos hacer a la misión con los bienes, las riquezas y las cajas comunes que tenemos.

Podemos preguntarnos si hay otros estilos, otras prácticas de “ponerlo todo en común” que responda más a las exigencias de la nueva realidad de misión. La caja común no puede servir para alcahuetear la pereza, ni para capitalizar por capitalizar, ni para constituirse en un poder de control por parte de algunos miembros; más bien sirve para ayudar a los pobres e impulsar la misión con estilos de vida compartida. Me parece que hablar de “caja común” hoy en día llene el corazón de idealismo, pero no con realismo. Sería mejor hablar de “CASA COMÚN” en donde la vida compartida alrededor del discipulado y la misión de Cristo, alcance nuevos sentidos espirituales/humanos y nuevos estilos prácticos de vida común.

En realidad sin una vida compartida, sin un proyecto de vida comunitario y de misión, la praxis de la caja común pierde su sentido y llega a ser un control económico inmaduro sobre sus miembros, lo cual favorece la pereza y la irresponsabilidad de algunos, produce rabia en otros y provoca desilusión en muchos.

 

Preguntas:

  1. ¿Cuál es la experiencia que tengo de ‘caja común’?
  2. ¿Sabemos de dónde vienen sus recursos y para qué están destinados?
  3. ¿Podemos afirmar que en nuestras comunidades la caja común favorece la pereza o la creatividad de las personas?
  4. La expresión que a menudo se oye: “El Instituto me debe...” ¿qué sentido tiene o de dónde nace?
  5. ¿Cuáles son las dificultades mayores encontradas en la actuación de la caja común?
  6. ¿Hay sugerencias y caminos nuevos y otras posibilidades para “ponerlo todo en común”?
  7. Tal vez ¿no sería mejor hablar de “casa común” entendida como un compartirlo todo, no solo lo financiero, sino también lo comunitario, lo espiritual y el proyecto de vida y de misión?

 

 

Fuentes principales:

David Batson, The Treasure Chest of the Early Christians, Gracewing, Leomister, 2001

Francisco Varo, Rabí Jesús de Nazaret, BAC, Madrid, 2005

David J. Bosch, Transforming Mission, Orbis Books, New York, 1991

Theissen Gerd, The Social Setting of Pauline Christianity, T.&T. Clark, Edinburgh, 1982

 

 

 

 

 

 

 

 

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