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| LA MISIÓN “AD GENTES” EN EL CAQUETÁ |
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| Scritto da P. Salvador Medina, IMC | ||
| Venerdì 07 Gennaio 2011 00:00 | ||
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El Concilio busca armonizar casi todas estas dimensiones u objetivos: «La misión de la Iglesia se realiza mediante la actividad por la cual, obediente al mandato de Cristo y movida por la gracia y caridad del Espíritu Santo, se hace plena y actualmente presente a todos los hombres y pueblos para conducirlos, por el ejemplo de su vida y de la predicación, por los sacramentos y demás medios de la gracia, a la fe, la libertad y la paz de Cristo, de forma que se les descubra el camino libre y seguro para participar plenamente del misterio de Cristo» (AG 5). La implantación de la Iglesia en el Caquetá – Putumayo Entre el 9 y el 12 de diciembre, como Misionero de la Consolata, he tenido la gracia de participar en la conclusión del año jubilar, 25 años de la Diócesis de Florencia – Caquetá, y en la apertura del año jubilar del Vicariato de San Vicente –Puerto Leguízamo, localizado entre el Caquetá y el Putumayo, para festejar sus Bodas de Plata, buscando un nuevo dinamismo misionero bajo la inspiración de la “morenita del Tepeyac”, la Virgen de Guadalupe. Bodas de Oro de la Diócesis de Florencia Mientras concelebrábamos la Eucaristía (acción de gracias) los 22 obispos, entre ellos todos los de la Provincia Eclesiástica de Ibagué, un significativo número de Presbíteros diocesanos y religiosos, Diáconos transitorios y permanentes, Religiosas y Religiosos de diferentes Congregaciones, Laicos comprometidos y numerosos fieles delegados de las 32 parroquias de la Vicaria Nuestra Señora de Lourdes (14), de Vicaria del Sagrado Corazón de Jesús (8) y de la Vicaria de Nuestra Señora de las Mercedes (10), presidida por el Nuncio Apostólico Mons. Aldo Cavalli y el Obispo local Mons. Jorge Alberto Ossa Soto, se pudo evidenciar que el objetivo de la implantación de la Iglesia había sido logrado ampliamente y por lo mismo reconocido por todos, particularmente por las autoridades civiles. La Gobernación le concedió el Coreguaje de Oro, máximo galardón departamental, afirmando que “durante estos 25 años la Diócesis ha llenado de esperanza y regocijo a la comunidad católica con su trabajo tesonero y desinteresado, cumpliendo su labor misionera y evangelizadora en el departamento”. También la Alcaldía hizo su reconocimiento público mediante un mensaje leído durante la celebración y entregado al Obispo Local. Recorrido histórico “Las comunidades indígenas y los primeros asentamientos de colonos fueron visitados y atendidos por Misioneros Religiosos (Franciscanos y Jesuitas) provenientes de Popayán y Neiva. Debemos aclarar que los primeros religiosos que penetraron al Caquetá no fueron los Jesuitas, como se cree, sino los Franciscanos, quienes dirigían desde Quito y trabajaron en la región casi dos siglos. Uno de los precursores de las misiones en el Caquetá fue Fray María de San José – Franciscano quien partió de Pasto en 1696 dispuesto a conquistar a los “Andaquíes, Yaguanongas y Churubaes” Fray vagó por la selva 14 años y sólo obtuvo sinsabores. En la primera mitad del S. XVIII otros misioneros realizaron visitas de las cuales tampoco se extrajo beneficio alguno. Pero en 1759 las Misiones del Caquetá recibieron un gran impulso pues por la Real Cédula del 5 de Mayo encargaron expresamente a los Franciscanos las misiones en territorio Andakí. En 1800 se retiró del pueblo Andakí de Piacuntí el religioso que lo asistía y en 1801 hizo lo mismo el que residía en el río Hacha; estos retiros significaron la conclusión de las misiones Franciscanas en el Caquetá. El 20 de Diciembre de 1904, la Santa Sede erigió la Prefectura Apostólica del Caquetá y la confió a la Orden de los Capuchinos. La prefectura abarcaba un inmenso territorio del cual formaba parte lo que hoy son los departamentos del Caquetá, Putumayo y Amazonas. El primer y único Prefecto Apostólico fue el Padre Fidel de Montclar quien se ubicó en Sibundoy y fijó allí la Sede de la Prefectura Apostólica del Caquetá y Putumayo. Después de 24 años de actividad misionera, renunció en mayo de 1929. La Prefectura fue elevada a la condición de VICARIATO APOSTÓLICO, el 31 de Mayo de 1930 por el Papa Pío XI. Como primer Vicario fue encargado Mons. Gaspar de Monconill quien trabajaba ya en la región desde 1914. El segundo Vicario fue Mons. Plácido Crous. El 8 de Febrero de 1951 la Santa Sede erige el Vicariato Apostólico de Florencia con el territorio de la recién creada Intendencia del Caquetá (1950) y las Jurisdicciones de Puerto Leguízamo y la Tagua, sectores del Putumayo que en ese entonces pertenecían al Caquetá. En el mismo decreto se le confió a los Misioneros de la Consolata el Vicariato. La acción de evangelización de los Padres de la Consolata llegó a muchos rincones de esta vasta zona y se proyectó de manera especial en la pastoral educativa fundando escuelas en todos los sitios donde se asentaban. La Bula “Quo expeditius” del 9 de diciembre de 1985, erigió la Diócesis de Florencia y señala los municipios, corregimientos e inspecciones que integran a la nueva jurisdicción, eleva al grado y dignidad de Catedral el templo de Nuestra Señora de Lourdes y precisa los demás aspectos de la Diócesis.
La sucesión de los Obispos es la siguiente Mons. Antonio María Torasso imc. 1952-1960. Organizó las primeras Parroquias en Florencia, Belén, San Vicente. Mons. Angel Cuniberti, imc 1961-1978. Tuvo a su cargo la administración de la educación hasta 1976. Creó el centro indigenista y programas de educación. Fundó el Seminario Menor, el Centro Piloto de Educación Especial y el Monasterio Divino Redentor, entre otras obras. Mons. José Luis Serna Alzate, imc: 1979-1989. Dio impulso a nuevas parroquias. Creó la Emisora Armonías del Caquetá. Promovió la creación de la Diócesis de Florencia. Mons. Fabián Marulanda López: 1990 – 2002. Sus principales realizaciones son: organización en Florencia del Movimiento Encuentro Matrimonial, fundación del Centro de Pastoral Familiar, adquisición de nuevo equipo de transmisión para la Emisora Diocesana, creación de la Oficina de Comunicaciones, ordenación de los primeros diáconos permanentes. Mons. Jorge Alberto Ossa Soto. 29 de marzo de 2003 hasta la fecha. Ha continuado la tarea de modernización tecnológica de la Emisora Diocesana, fundó los restaurantes parroquiales para niños pobres y ancianos, creó el Voluntariado de Amor y ha dinamizado la presencia de la Iglesia en el campo de la Educación asumiendo contratación para educación en sectores rurales apartados". (Fuente: Juan Benito Rondón Hernández: http://www.diocesisflorencia.org) Significado La implantación de la Iglesia significa que la acción evangelizadora ad gentes ayuda a las Iglesias locales a llegar a una relativa madurez y autosuficiencia, en cuanto a medios de evangelización y en cuanto a expresiones culturales, dentro de la comunión de Iglesia universal y de los valores evangélicos permanentes. «El fin propio de esta actividad misional es la evangelización y la implantación de la Iglesia en los pueblos o grupos humanos en que todavía no ha arraigado. De suerte que de la semilla de la palabra de Dios crezcan en todo el mundo las Iglesias particulares autóctonas suficientemente organizadas y dotadas de energías propias y de madurez, las cuales, provistas convenientemente de jerarquía propia, unida al pueblo fiel, y de medios apropiados para un pleno desarrollo de la vida cristiana, contribuyan, en la medida que les corresponde, al bien de toda la Iglesia» (AG 6). El proceso misionero continua En la Catedral de San Vicente del Caguán el Señor Obispo, Mons. Francisco Javier Munera Correa imc, el 12 de diciembre, fiesta de la Virgen de Guadalupe, abrió el Año Jubilar, 25 años de camino de esta nueva jurisdicción eclesiástica, con un renovado y creativo dinamismo misionero que le permita responder a los desafíos actuales. La Familia Misionera de la Consolata, fiel a su carisma misionero “ad gentes”, continua caminando y navegando por las frontera geográficas, humanas, culturales y ambientales de la misteriosa, rica y desafiante amazonia. Próximamente recibirá la tarea de acompañar el proceso de consolidación del nuevo Vicariato de Puerto Leguízamo, sin descuidar el del Vicariato de San Vicente, hasta que llegue a su madurez y sea constituido en Diócesis. No hemos recogido las tiendas, más bien las hemos afincado en las fronteras colombo-peruanas-ecuatorianos, apoyando los esfuerzos de las Iglesias Locales de las tres Fronteras, sumando así en la única misión, la del buen Dios. Gratitud, reconocimiento y admiración a los Misioneros de ayer, con sus visiones, estilos y emprendimientos, lo mismo que a los de hoy con sus nuevos estilos, visiones y desafíos. La misión continua, bajo la guía del mismo Espíritu, aunque los protagonistas cambien.
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