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UMAHLALA-EHLEKA PDF Stampa E-mail
Scritto da + Josè Ponce de Leon, IMC   
Giovedì 06 Gennaio 2011 00:00

poleAlgunos meses después de llegar al Vicariato de Ingwavuma, conocí dos de nuestros seminaristas que regresaban al Vicariato habiendo terminado sus estudios de teología: Mandla y Vukani. La expectativa general era que inmediatamente los ordenara diáconos siendo que no había objeciones de parte del seminario. Yo, en cambio, pensé que fuera oportuno conocerlos mejor y, mientras tanto, envié uno de ellos a la Misión de Star of the Sea en la frontera con Mozambique y otro a Our Lady of Perpetual Help en Mtubatuba.

Unos meses más tarde admití a Mandla a la ordenación diaconal que fue celebrada en diciembre del año pasado en la Misión de Ubombo donde nació. Mandla es el primer seminarista de esa Misión.

Vukani, fue ordenado en abril en la Misión de Ingwavuma que es la primera Misión de este Vicariato (y que da el nombre) y de donde provienen la mayor parte de nuestros sacerdotes diocesanos y religiosos.

En junio, di otro paso: dejé St Lucia y me mudé a Hlabisa donde está la Catedral y donde vivió mi predecesor, el obispo Michael O'Shea OSM. Pero no me mudé solo: conmigo vinieron los dos diáconos a quienes confié la animación pastoral de la Catedral y sus 12 comunidades. La verdad, una idea muy original, siendo que a partir de ahí, esas comunidades solo pudieron celebrar la Eucaristía los pocos domingos que yo estuve en la zona.

Los meses que siguieron fueron muy intensos porque pudimos compartir mucho del camino pastoral y personal de cada uno. A mediados de octubre ambos fueron admitidos a la ordenación sacerdotal que fijé para el 16 de diciembre siendo que es día feriado en Sudáfrica y muchos de los sacerdotes diocesanos del Vicariato fueron ordenados en ese día.

* * *

Todas las comunidades del Vicariato se comprometieron a preparar la ordenación. Cada domingo, al final de la oración de los fieles, se rezaba por las vocaciones sacerdotales y religiosas. Con Mandla y Vukani programamos un encuentro semanal para reflexionar juntos y practicar la celebración de la ordenación.

Un elemento era imposible de preparar: el tiempo. El verano es tiempo de lluvias. En octubre celebramos la misa pidiendo el don de la lluvia porque los ríos estaban totalmente secos... y nuestra oración fue escuchada. No podíamos ahora rezar para que no lloviera...!

La semana de la ordenación llovió todos los días y el pronóstico para ese jueves no era mejor.

Sin embargo, nada detuvo la gente que asistió masivamente a la ordenación en Hlabisa ni nada nos detuvo de hacerla al aire libre con una carpa que al menos podría cubrir algunos.

La lluvia es entre nosotros signo de una especial bendición de Dios y así fue que algunos notaron que justo al inicio de mi prédica la lluvia se detuvo para que pudiera moverme libremente con el micrófono (como hago habitualmente) para volver inmediatamente después. No solo eso: notaron que llovió intensamente cuando impusimos las manos rezando por cada uno de ellos.

* * *

Si para el Vicariato esta ordenación era un importante regalo de Dios, para mí era un momento muy particular siendo que era la primera vez que presidía una ordenación sacerdotal.

Pensaba que en estos casi 25 años desde que yo fui ordenado, pocas veces tuve la oportunidad de encontrarme con el obispo que me ordenó. Ellos en cambio, podrían llegar a caminar junto a este obispo por 25 años...!

Fue también un evento particular porque a partir de ese día, este Vicariato tiene más sacerdotes diocesanos que religiosos, signo de un intenso camino para construir esta iglesia local. El 90% de los sacerdotes diocesanos nacieron en el Vicariato.

* * *

Antes de la bendición final, el Sr Lawrence Mkhaliphi se acercó al altar para agradecer por el don de estos nuevos sacerdotes. Lawrence preside el consejo pastoral diocesano. Para mi sorpresa inició diciendo: "querido obispo, hoy sabrás cuál es tu nuevo nombre..." y me dejó esperando mientras hacía otros comentarios. Al final dijo: "nosotros te llamamos: 'uMahlala-ehleka', el que está siempre sonriente". Algunas semanas atrás, visitando un museo en Pretoria, la gente sorprendida que pudiera hablar Zulu me había preguntado qué nombre me habían dado (porque es típico hacerlo) pero yo no estaba seguro de cuál fuera.

No podía no estar sonriente en ese día. En mí y en todos había una alegría muy particular. Pero va más allá de un día. La alegría y la sonrisa son expresión de esa Buena Noticia que todos hemos recibido y que particularmente celebramos en estos días de Navidad. Lo celebramos en las palabras del ángel: "No tengan miedo, pues yo vengo a comunicarles una buena noticia, que será motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy, en la ciudad de David, ha nacido para ustedes un Salvador, que es el Mesías y el Señor" (Lc 2:10-11). Es para nosotros y para todo el pueblo, para todos los pueblos. Dios quiera que el nombre que recibí, pueda ser compartido con muchos otros!

 

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